Las trabajadoras empleadas del hogar y cuidados estamos en pie de lucha

Las trabajadoras empleadas del hogar y cuidados estamos en pie de lucha

El acto se celebró bajo un manto de lluvia que inundaba las calles de Madrid, pero el mal tiempo no impidió que las trabajadoras del hogar abandonaran el lugar donde nos encontrábamos, porque hay mucho que reivindicar: “Es el llamado trabajo esclavo del siglo XXI”.

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El trabajo doméstico es un trabajo totalmente feminizado, donde apenas si existen derechos, tan solo lo que el empleador con su buena “moral” y “ética” considere que debe ofrecerte en el momento que te contrata. Y no lo hace por escrito, todo se cierra por acuerdo verbal, y esto sucede porque no pertenecemos al estatuto general de trabajadores, es decir que ni los sindicatos ni la patronal nos consideran trabajadoras. No tenemos convenio propio y por consecuente no cobramos prestación por desempleo y podemos ser despedidas en cualquier momento por una rabieta de la señora. Esta es la realidad que sufrimos decenas de miles de mujeres trabajadoras en el Estado español. En muchos casos además trabajamos sin cotizar a la Seguridad Social, no tenemos derecho a bajas y mucho menos reconocimiento de enfermedades laborales, ni que decir, cobrar el día de mañana la pensión por jubilación.

Muchas de estas mujeres son migrantes sin papeles que huyen de sus países por guerras, pobreza, abusos sexuales y explotación por parte de los países imperialistas. Vienen a trabajar en régimen de internas a nuestro país, entonces el abuso se triplica, trabajando las 24 horas al día y sin apenas días de descanso, cuidando de bebes y personas mayores, cocinando para la familia. Y entre las tareas a realizar también se encuentra que tienen que sacar a pasear al perro, como nos comenta Annely, trabajadora de hogar que pertenece al colectivo “Servicio Doméstico Activo (SEDOAC).

Conversamos con ella y nos cuenta como ella fue víctima de los abusos laborales cuando trabajaba como interna. “La esclavitud moderna”, así lo define y nos dice que “hay que acabar con este tipo de explotación, aboliendo este tipo de trabajo en régimen interno”. Annely denuncia que existe un alto porcentaje de estas trabajadoras sin contrato por lo que no pueden regularizar su situación en nuestro país, y viven con el miedo metido en el cuerpo a ser despedidas de sus trabajos y que la policía las pare y por no tener papeles en regla las deporten a sus países de origen.

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Para acabar con esta precariedad y explotación muchas trabajadoras del hogar exigen que se ratifique el convenio 189, que diseñó la Organización internacional del trabajo (OIT) en el año 2011, que en el Estado español aún no se ha firmado con el Gobierno de Sánchez, pero si en países de Latinoamérica y en Europa.

Este convenio trata sobre el principio básico del reconocimiento de la protección social de las trabajadoras del hogar para ser parte del régimen general de la seguridad social. También incluye los permisos por maternidad, la libertad de asociación y libertad sindical, el reconocimiento efectivo de derecho de negociación colectiva y una protección efectiva contra todo abuso de acoso y violencia.

Sin duda un avance para todo este sector tan precarizado que casi roza con el esclavismo, pero precisamente por este mismo motivo este convenio es totalmente insuficiente, porque partimos de una ausencia de derechos tan básicos para las trabajadoras que este convenio no contempla. Por ejemplo, que a muchas de las trabajadoras internas se incluye en sus salarios también la comida y el alojamiento, y esto último no solo no lo elimina si no que lo avala en el artículo 12C.189. Tampoco menciona que los contratos sean por escrito y no de forma verbal, como hasta ahora se viene realizando (artículo 7C.189). Sobre las jornadas de trabajo de más de diez o doce horas sin descanso, la ley RD 1620/2011 considera que las 40 horas que figuran en el contrato laboral “son trabajo efectivo”, pero para el resto de las horas extra utiliza el termino trampa de “horas de presencia”, es decir, que para las trabajadoras internas sus jornadas laborales seguirán siendo de 24 horas. Todo un abuso por parte de sus empleadores. Por último, nada habla de abolir este tipo de contratación y que a los patrones se les obligue por ley a facilitar los papeles a sus empleadas y dejen de ser ilegales, para que ninguna persona sea ilegal y que sus jornadas sean de ocho horas máximo, con dos días de libranza y un mes de periodo vacacional y que todos sus salarios estén equiparados con el coste de la vida y puedan vivir fuera de los domicilios donde prestan sus servicios.

Como conclusión, es importante tener en cuenta que poco podemos esperar desde la clase trabajadora de parte de estos organismos, que junto con los gobiernos están al servicio de los capitalistas. Nuestros derechos tenemos que conseguirlos con la lucha.

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