Princelandia: educar jugando al modelo sexista

Princelandia: educar jugando al modelo sexista

Su primer centro en el Estado español abrió en Sevilla. Desde Sevilla han ido ampliando su implantación territorial hasta dar el salto a otros continentes. La creación de estos spa para niñas ha suscitado muchas críticas por parte de los colectivos feministas bajo el hagstag #StopPrincelandia. El motivo: el fomento de la educación sexista.

Ya lo dicen en página web: “en Princelandia educamos jugando”. Una educación basada en inculcar valores sexistas y patriarcales encubiertos en la enseñanza de “buenos hábitos de higiene personal”

El objetivo de Princelandia es que las niñas se sientan princesas por un día y para ello ofrecen servicios de manicura y pedicura, maquillaje o desfiles de modelos. Se presentan como una alternativa para sacar a las niñas de la vorágine de las nuevas tecnologías, pero  en el fondo no hacen más que comercializar con los estereotipos de género.

Princelandia, que ha sido galardonada con premios a la mejor iniciativa celebrando el éxito de la franquicia y su carácter emprendedor, no hace si no educar en la enfatización de un modelo patriarcal. Mostrando su modelo como una “alternativa divertida, lúdica y a la vez pedagógica”, se enorgullecen de inculcar, aunque sea por un día, unos valores en las niñas que son los grandes estereotipos patriarcales que pesan sobre la figura de la mujer en nuestra sociedad. Unos valores que les envía un mensaje claro: las mujeres debemos mantenernos siempre bellas. Intereses que van en contra de los principios de igualdad y equidad de género que desde diferentes colectivos se proponen en los programas educativos.

Así es cómo detrás de esta oferta de aparente diversión y entretenimiento para las más jóvenes, la empresa sigue reproduciendo modelos  sexistas anclados en la imagen de la mujer como cuerpo-objeto: pasarelas top model o el énfasis constante en la necesidad de adornar y mantener el cuerpo según rígidos cánones de belleza.

 

Machismo, cada vez más extendido entre los jóvenes

En un reciente artículo  para Izquierda Diario, Celeste Murillo  decía “los cuentos, los juegos y cualquier otro producto cultural hablan de la sociedad en la que vivimos y refuerzan más o menos sus valores y estereotipos. Los roles de género y los estereotipos de belleza o conducta responden (salvo excepciones) a los valores occidentales, donde el ideal femenino se traduce en ser blanca, heterosexual, delgada y joven”.

Un ideal que acaba convirtiéndose en norma y que se transforma en diferentes propuestas, de Princelandia a los colegios, donde la escasa o ineficiente educación sexual y afectiva oculta o minimiza las muy diversas formas de ser y sentir, además de no acabar de cuestionar un modelo de relación repleto de desigualdades, en el que hombres y mujeres ocupan lugares fijos, y por qué no decirlo, en el que nosotras somos las más perjudicadas.

De esta forma se amplía la paradoja: en un momento en el que desde el feminismo, cada vez más se visibilizan y extienden las luchas por la igualdad real de las mujeres, aumentan escandalosamente los casos de abuso y violencia machista entre los jóvenes. De los 48 casos registrados de mujeres asesinadas en España durante el 2013, 13 eran chicas menores de edad. Además durante el mismo año fueron juzgados 151 menores por violencia machista -un 5% más que el año anterior- y , en la Comunidad de Madrid, un 5,3% de las chicas entre 14 y 16 años había soportado imposiciones de conductas sexuales por parte de sus parejas que ellas rechazaban.

Estos datos, que no pueden dejarnos indiferentes, nos obligan a poner en cuestión un modelo educativo estrechamente vinculado a la reproducción de los estereotipos de género tradicionales que reproducen iniciativas como Princelandia, que a través de su propuesta de la niña que se convierte en princesa por un día naturaliza la idea de la mujer como ser pasivo y potencia cánones de belleza que la convierten en un objeto de deseo para los hombres.

Marta Clar: @Martaclar1

Verónica Landa: @lierolaliero

Marta Clar

Estudiante de antropología en la Universitat de Barcelona.

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