Una historia de lucha por los derechos LGTBI

Una historia de lucha por los derechos LGTBI

Por Ignasi Parera

Actualmente vemos como en el Estado Español – y en otros países- se han alcanzado diversas conquistas importantes- matrimonios igualitarios, adopción o la ley contra la homofobia  en Cataluña. Pero el problema que está surgiendo entre las nuevas generaciones LGTBI en los países con estos derechos conquistados, es el hecho de la falsa idea de que ya vivimos en una sociedad igualitaria, y en consecuencia muchos dejan de preocuparse o de seguir luchando por los derechos LGTBI. Un ejemplo gráfico seria el día del Orgullo, un día que se ha convertido en un negocio y ha perdido toda la esencia reivindicativa y de lucha social.
Es en este negocio en general donde encontramos una separación dentro de la comunidad LGTBI, una separación que ya se da al resto de la sociedad, la separación entre ricos y pobres. Alrededor de los estereotipos y tópicos que el patriarcado ha inundado a la sociedad se ha construido un fuerte negocio, y casi siempre dado de la mano con  empresarios y empresarias LGTBI. Actualmente en el Estado Español podemos observar como en ciertas ciudades se han construido “guetos” LGTBI, el más famoso de todos ellos es, sin duda, el barrio de Chueca de Madrid. A la propia Barcelona encontramos la famosa zona llamada gaieixample, una zona dedicada a comercios y locales nocturnos LGTBI. Para finalizar con los ejemplos, tenemos el pueblo de Sitges en la comarca del Garraf, zona importante del turismo LGTBI. Pero lo que tienen en común todo estos espacios es que están destinados a un público LGTBI con un fuerte capital y poder adquisitivo.
En los años 70 los movimientos LGTBI fueron muy progresivos en el contenido que planteaban. Criticaron los guetos como única forma de socialización y resistencia del colectivo LGTBI. La existencia de los guetos es en sí una agresión, a pesar de que puede ser “utilizado” como “fortín” en momentos de gran violencia. El gueto como un reducto de socialización en una sociedad homófoba, es estratégicamente reaccionario, pero tácticamente puede ser muy progresivo.
A pesar de ello, no podemos olvidar que los guetos gais se conforman a causa de la ploriferación de negocios de empresarios LGTBI en una zona, no en el avance de las luchas por la liberación sexual que han arrancado concesiones como el matrimonio igualitario o la derogación de leyes persecutorias- o por ejemplo, la eliminación de la homosexualidad como enfermedad.

Los movimientos LGTBI en los años 70 y su carga subversiva no sólo luchaban por la normalización de la homosexualidad sino por la subversión de la sexualidad capitalista. Al paro y a la mayor precarización les acompañó la conquista de algunos derechos, suponiendo un retroceso para los movimientos sociales. Se fomentó una mayor institucionalización, cooptación, fragmentación y despolitización.
Su aspecto subversivo se perdió en los ’80 y ’90. Los años ’80 supusieron un golpe muy duro, sobre todo por el SIDA – conocido antes como GRID, -Gay related immune deficiency- y la ofensiva homofóbica, dejando el movimiento muy a la defensiva, y dándole un carácter reformista de conquista de derechos.

Hoy vemos cómo el origen combativo y de cuestionamiento radical en las barricadas de Stonewall, es invisibilizado por los pride parade. En paralelo los lobbies gais actúan sin tener en cuenta más que sus intereses económicos, los que se relacionan con el llamado “capitalismo rosa”. El último caso fue entre los organizadores del Madrid Orgullo, que llamaban a toda la comunidad LGTBI de Madrid a votar por la reaccionaria y derechista del PP Esperanza Aguirre, sin importar, por ejemplo, que nunca se haya pronunciado en contra de la discriminación y las agresiones homófobas. La lucha del movimiento LGTBI tiene que ir de la mano al resto de luchas de los sectores oprimidos por el capitalismo.

Es en este contexto de lucha donde aparecen diferentes frentes de liberación gai alrededor del mundo. Los más importantes, o más relevantes respecto a conquistas de derechos son: la FAGC de Catalunya, el GLF d’EUA i l’FLH de Argentina. Estos frentes, antirracistas, feministas, antiimperialistas (como el d’EUA en contra de la guerra del Vietnam), movimientos revolucionarios, pro-obreros y solidarios cuestionaban las relaciones sociales patriarcales.
Necesitamos movimientos que recuperen esta tradición, que vuelvan a cuestionar las relaciones sociales patriarcales, que lleven a cabo un trabajo de higiene sexual y que compensen la opresiva moral sexual patriarcal para así superarla. De ese modo pasó en algunos barrios obreros y fábricas alemanas a finales de los ’20 y principios de los ’30, cuando se crearon secciones SEXPLO – ante amplio del Partido Comunista alemán de 40.000 miembros dirigido por Wilhelm Reich, crearon círculos de debate sobre el machismo, la homofobia o la represión sexual en la juventud.
Estos espacios sirvieron para impulsar la lucha LGTBI y ofrecer un lugar donde expresarse libremente. Pero tienen que ser de transición y no como un fin. Espacios donde poder llevar la lucha al resto de la sociedad y no quedarse recluidos en ellos. Que además estos espacios están dedicados a personas económicamente con un fuerte poder adquisitivo. Por tanto, se observa una doble segregación, primera con el resto de la sociedad y la segunda con la comunidad LGTBI de clase obrera.

Por eso nos tenemos que plantear, a pesar de formar todos parte del colectivo LGTBI, si estamos verdaderamente en la misma situación, si es lo mismo una persona transexual, gai, lesbiana de clase obrera, más propensa a sufrir ataques y vivir situaciones discriminatorias, que una persona con un poder adquisitivo que le ofrezca una seguridad y posición de poder que le aleja de estos conflictos.

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