#VoxApuntaMiNombre contra las “listas negras” de activistas LGBTI

#VoxApuntaMiNombre contra las “listas negras” de activistas LGBTI

Tras pedir la “lista negra” de quienes trabajan en la atención a la violencia de género, ahora Vox pide la de quienes dan talleres sobre diversidad sexual en los centros educativos madrileños. Las redes se han pronunciado con la campaña #VoxApuntaMiNombre.

Como una pieza fundamental y totalmente integrada en el Régimen el 78, Vox pretende expulsar masivamente a los inmigrantes, reforzar la xenofobia policial, derogar la Ley Integral de Violencia de Género, prohibir el derecho al aborto en cualquier supuesto, promover formas de familia tradicionales y eliminar el matrimonio entre personas del mismo sexo o leyes de protección contr la LGBTIfobia.

Así que sí, #VoxApuntaMiNombre porque entramos a las clases y hablamos de la liberación del deseo, de violencia machista y de disidencia sexual, pero también peleamos por organizar a una juventud que no le debe nada al capitalismo. Nos movilizamos contra la LGTBIfobia y por la liberación de la sexualidad en las calles, en las clases de los institutos y las facultades y llevando la solidaridad entre las luchas de la diversidad sexual y la juventud precaria.

Rechazamos la intromisión de la Iglesia Católica en nuestros cuerpos, en nuestra sexualidad y nuestras identidades. Para ello es indispensable la separación total de la Iglesia de la educación y del Estado, ya que cuenta con, entre otros privilegios, más de un tercio de los centros educativos del Estado Español. Así mismo demandamos una educación sexo-afectiva laica y que no brille por su ausencia o sea prácticamente testimonial en los centros educativos, ni explicada bajo patrones heteronormativos.

La lucha contra la violencia machista y LGTBIfóbica debe ser un punto clave en la agenda del movimiento LGTBI. Como parte de esta pelea también debemos combatir violencias como la precariedad, discriminación y exclusión laboral que todavía padecen muchas personas LGTBI o el bullying que se produce en las clases.

Un 43% de los jóvenes LGBTI han tenido pensamientos suicidas a causa del acoso y la tasa de suicidio en jóvenes LGBTI es más de cuatro veces superior al resto y la principal causa de muerte. Frente a esta situación apostamos por la creación de comisiones independientes contra el bullying en los centros educativos formados por estudiantes con el apoyo de trabajadores cualificados, así como un acceso real a la atención psicológica en los centros educativos.

Todas estas medidas deben ir acompañadas de otras fundamentales como la reducción de número de alumnos por aula o el aumento del profesorado de refuerzo para aumentar la igualdad de condiciones en la escolarización, pero son pasos progresivos en el marco de la única medida que garantizaría estos derechos: una única red pública, laica, universal, gratuita y al servicio de la clase trabajadora de centros educativos.

Pero también entendemos que pelear por demandas como éstas como un fin en sí mismas es una profunda limitación, ya que ninguno de estos derechos está a salvo dentro del sistema capitalista, como vemos con el auge de la extrema derecha. Es necesario entender que una completa liberación sexual sólo es posible derribando el sistema capitalista que oprime y agota nuestros cuerpos y deseos.

Por ello queremos poner en pie un gran movimiento LGTBI combativo, antipatriarcal y anticapitalista, por la conquista de los derechos LGTBI y la liberación sexual, pero también desde la experiencia de los 8M y de las movilizaciones del Orgullo, queremos retomar las mejores tradiciones de lucha y autoorganización del movimiento estudiantil, LGBTI y de mujeres para luchar junto a la clase trabajadora para poner en jaque a este sistema.

Frente a esta derecha desbocada la alternativa no puede venir de la pata izquierda del mismo Régimen que la ha engendrado. Identificar en el PSOE del 155, de las concertinas, los rescates bancarios, las puertas giratorias, las reformas laborales o el pensionazo, la “alternativa” a la derecha, es no identificar que el auge de la extrema derecha tiene como fermento una combinación de crisis política, económica y social con inexistencia de una alternativa que no sea el “mal menor” que nos obliga a resignarnos a un futuro de precariedad laboral, salarios de miseria y pérdida de derechos sociales y democráticos.

A la restauración reaccionaria no la frenará un proyecto como el de la regeneración progresista (una restauración de otro signo, pero restauración al fin y al cabo). La clave pasa por que la izquierda en el Estado español, junto a movimientos como el de las mujeres, la juventud, las luchas y procesos de organización obrera contra la precariedad o la disidencia sexual, sea capaz de levantar una alternativa anticapitalista y de clase, una verdadera izquierda “sin complejos”.

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