Triunfa el machismo al hablar del deporte femenino

Triunfa el machismo al hablar del deporte femenino

Llevamos más de una semana de Juego Olímpicos en los que hemos podido disfrutar no solo del deporte. Unos JJOO cargados de machismo y en los que se ha expresado también la cultura patriarcal que nos rodea. Durante todo el año, el deporte masculino, y en concreto el fútbol, ocupa la mitad de los noticiarios y periódicos. Al deporte femenino, sin embargo, se le dedican efímeros minutos de la prensa, solo si consiguen llegar a lo más alto. Hasta que llegan los Juegos Olímpicos y, aquí sí, las mujeres de alta competición salen a la luz al colgarse las medallas.

Sin embargo, es repulsivo, aunque nada sorprendente si nos basamos en la estructura patriarcal en la que estamos inmersos, el trato que reciben estas deportistas por parte de los medios de comunicación.

Sin ir más lejos, el pasado jueves 11, Maialen Chourraut ganó el oro olímpico en piragüismo en aguas bravas. En Teledeporte (RTVE1) se refirieron a su triunfo como uno de los mayores sueños que había cumplido desde los anteriores Juegos, el otro era el de ser madre. El País tituló la noticia: “Maialen Chourraut y el triunfo de la conciliación”.

La donostiarra, que ganó un bronce en los pasados Juegos de Londres, no es valorada únicamente por el enorme triunfo que ha conseguido subiéndose a lo más alto del pódium; si no que se remarca su rol de género, su papel como madre y su conciliación de vida laboral y familiar.

¿A cuántos deportistas masculinos se les destaca su papel como padres tras ganar una medalla? ¿Se mencionó, por ejemplo, cómo Roger Federer pudo conciliar su vida familiar, criando a sus hijas y ganando, además, la plata en Londres? La respuesta es no. Porque lo destacable es que a las mujeres se nos presenta cómo a esos ángeles del hogar, esas ‘super-mujeres’ que limpian la casa, crían a sus hijos y además trabajan, y en este caso se cuelgan medallas olímpicas.

Pero no es la única ganadora en estos Juegos que ha sufrido el machismo en la prensa. La tiradora de arco Cory Cogdell, medalla de bronce, fue llamada por Chicago Tribune ‘La mujer de un jugador de los Bears’ haciendo referencia a su marido, jugador de un equipo de futbol americano, los Chicago Bears, como publica el diario.es. De nada le sirvió su triunfo para ser llamada por su propio nombre. Como tampoco le sirvió a Camille Abily cuando Infobae tituló “Messi, Higuaín y una mujer, candidatos al mejor gol del año”.

Por supuesto, la lista no acaba aquí. También el diario Marca hizo un “desafortunado” tuit, para luego borrarlo, en el que hablaba de la portera de la selección angoleña como ‘la portera sin complejos’ y añadía, “icono de hamburguesas y patatas fritas”. Y El Mundo publicó un artículo que titulaba: ‘La lista de buenorras internacionales de los Juegos Olímpicos de Rio’ que luego cambió por ‘La lista de atletas olímpicamente atractivas’. Y así un sinfín de ejemplos más.

Así pues, cuando se refieren a nosotras, lo hacen en referencia a nuestro marido, nuestro papel de madres o nuestro aspecto físico,… Una opresión estética que es, si cabe, aun mayor en el ambiente de las deportistas. Porque a ellas no les basta tener un cuerpo fuerte y musculado, como el de ellos, ya que los márgenes de los cánones de belleza femeninos son muy ajustados y no hay cabida para grandes espaldas o brazos ‘demasiado’ musculosos.

Por su parte, la gimnasta estadounidense Simon Biles, salió a defenderse tras ganar el oro en su disciplina, “no soy la próxima Michael Phelps, ni Usain Bolt, soy la primera Simone Biles”.

Sin embargo, estos ataques no son más que una muestra más de la cultura machista dentro de un sistema de opresión. Un sistema patriarcal que acaba con la vida de miles de mujeres al año, asesinadas por sus parejas o convirtiendo sus vidas en un auténtico infierno. Además de los miles de abortos clandestinos y violaciones; el acoso callejero o un innumerable listado más de violencias machistas.

Por todo ello, es importante que todas las mujeres, migrantes, trabajadoras y estudiantes, nos organicemos para acabar con este sistema que oprime a la mitad de la población. Para acabar con el acoso que sufrimos a diario; la presión estética que provoca innumerables enfermedades y que muchas de ellas acaban cobrándose vidas. Organicémonos para acabar con la cosificación de nuestros cuerpos y con los feminicidios, el último eslabón de una cadena de violencias.

Raquel Malvasia

Estudiante de medicina, Barcelona.

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