Ponencias de la charla de presentación de libros en Barcelona

Ponencias de la charla de presentación de libros en Barcelona

Presentación, por Cynthia Lub

 Estas charlas las hemos pensado para este 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, un día en el que para nosotras no hay nada que festejar: es un día de lucha, tal como explicaremos luego sus orígenes. Este 8 de marzo hemos decidido presentar dos libros: Pan y Rosas. Pertenencia de género y antagonismo de clases en el capitalismo, de Andrea D’Atri, fundadora de la agrupación Pan y Rosas de Argentina y militante trotskysta de nuestro grupo hermano, PTS (Partido de los Trabajadores Socialistas), quien nos ha enviado un saludo (http://www.youtube.com/watch?v=sTon83UoBoA). Y el otro libro es La mujer, el Estado y la revolución, de la historiadora Wendy Goldman, editado en Argentina por el Instituto de Pensamiento Socialista y la agrupación Pan y Rosas; sobre el que Angels, trabajadora y educadora social, y militante de CcC, hará una introducción.

 Ambos libros tienen en común una visión de género desde el punto de vista del marxismo. A pesar de que en estas aulas nos quieren mostrar un marxismo vulgar y reduccionista, para nosotras el marxismo es toda una cosmovisión del mundo y un sistema de ideas totalizador. Por tanto, estos libros que estamos presentando, nos transmiten cómo desde el marxismo se puede analizar algo tan profundo e importante como es la cuestión de la mujer, a la luz de los debates entre los diferentes “feminismos” y las diferentes estrategias de lucha por la emancipación de las mujeres.

 El libro de Wendy Goldman, a la vez que nos introduce en la evolución teórica del marxismo sobre el rol social de la mujer, desde Marx, Engels y Bebel, hasta las grandes aportaciones de las mujeres socialistas revolucionarias como Alejandra Kollontai o Clara Zetkin. Para después hacer un análisis sobre cómo estas ideas se llevaron a cabo después de la gran revolución rusa de 1917, cuando se desarrollaron enormes avances, como desarrollará Angels, nunca vistos en ningún país capitalista. También analiza las contradicciones que se dieron al poner en práctica esas ideas, sobre todo su retroceso durante la burocratización de la URSS bajo Stalin.

 De todos modos, en esta charla nos detuvimos principalmente en Pan y Rosas. Pertenencia de género y antagonismos de clases bajo el capitalismo. Justamente “bajo el capitalismo”, no porque creamos que este sistema haya inventado la opresión de género. Pero este sistema en el que vivimos actualmente, lejos de liberar a las mujeres de una opresión que es ancestral, hizo cada vez más pesadas las cadenas, que se tornan “cadenas perpetuas” para la mayoría de las mujeres del mundo: las mujeres trabajadoras. Este libro parte de explicar, a través del desarrollo histórico del capitalismo y la historia de la lucha de clases, la intersección de “género y clase” y de las relaciones de explotación y opresión, que muy bien explica Leire, educadora social y militante de Clase contra Clase. Desde allí, desarrolla los debates entre las marxistas y los diferentes feminismos, aspecto explicado muy sintéticamente por Isabel, estudiante de Bellas Artes de la UB. Hasta llegar a los debates actuales, fundamentalmente con las corrientes del pos-marxismo, como Judith Butler, del que, como veremos, ha hablado Angels.

 Si bien tenemos un punto en común con las feministas anticapitalistas en la crítica a un capitalismo que nos está haciendo retroceder cada vez más en nuestros derechos y conquistas, se abre el siguiente debate: ¿Es suficiente una revolución para la emancipación de las mujeres? Si bien creemos que no es suficiente, estamos convencidas de que sin revolución es imposible. Porque no es posible, como plantean muchas feministas que rechazan el marxismo, una emancipación de las mujeres en el marco de este sistema capitalista, bajo una lucha dentro de sus márgenes, es decir, por ejemplo, luchando por más “democracia radical y plural”. Creemos que esto es totalmente utópico y para nada realista, es decir, imposible.

 Por último, como todos saben, nuestra invitada especial en esta charla es María Moreno, quien fue obrera textil de la “Terrassa roja” desde los años setenta hasta que en 1996 ella y las trabajadoras ocuparon la fábrica, cuando el dueño la quiso cerrar sin pagarles. Pueden ver una entrevista a María en nuestra web: http://mujerespanyrosas.wordpress.com/2013/03/01/voces-y-relatos-de-lucha-de-las-obreras-60s-y-70s-entrevista-a-maria-moreno-obrera-textil-de-terrassa/

 Así como otros años hemos dedicado el 8 de marzo a la vida de la gran revolucionaria Rosa Luxemburgo, o las mujeres de la Primavera árabe, este años queremos dedicarlo a las mujeres obreras que lucharon bajo el franquismo y la transición. Y queremos hacerlo con María, porque creemos que la recuperación de la memoria no se realiza de forma automática, sino que es una tarea consciente, militante, la tarea de bucear en las experiencias más avanzadas de la clase trabajadora. En este caso, de las mujeres obreras que nos demostraron que si ellas pudieron, bajo condiciones incluso más duras, nosotras también. Ellas lucharon bajo el franquismo, y todo su gran aparato institucional y legal que relegaba a la mujer a un rol totalmente reaccionario. Cuando salir a luchar significaba enfrentarse a una durísima represión, incluso a muertes y torturas. Es un orgullo tener a María con nosotros, en estas aulas de una universidad cada vez más elitista, al servicio de las empresas capitalista, que quieren educar profesionales al servicio del sistema, y donde sus puertas están prohibidas para los hijos de las obreras.

Introducción

Por Leire Izar Beltz

pyr8

El 8 de marzo tiene su origen en la conmemoración a la primera acción organizada por las mujeres obreras en el año 1857 en Nueva York. Organizaron huelgas en contra las jornadas de 12h y los salarios miserables que recibían y fueron duramente reprimidas por la policía. Posteriormente en 1909, 140 mujeres murieron calcinadas en la fábrica textil en la que trabajaban encerradas en condiciones infrahumanas. Ese mismo año otras 30.000 obreras se declararon en huelga y fueron reprimidas. Es así que en 1910, durante el Congreso de mujeres socialistas, la dirigente revolucionaria alemana Clara Zetkin propuso que se estableciera el 8 de marzo como Día Internacional de la Mujer, en homenaje a las primeras acciones de aquellas mujeres trabajadoras organizadas contra la explotación capitalista.

            ¿Por qué Pan y Rosas?

En 1912, en Lawrence (EEUU), estalló la huelga conocida como “Pan y Rosas” protagonizada por obreras textiles que reclamaban aumento de salario y mejores condiciones de vida.  Esta lucha es destacable porque el comité de huelga instaló guarderías y comedores comunitarios para los hijos de las trabajadoras con el fin de facilitar su participación en el conflicto.  Así como realizaron reuniones de niños y niñas en el sindicato para discutir el motivo por el cual sus madres  y padres iban a la huelga; facilitando hogares de familias solidarias con la lucha que acogían a sus hijos.  La represión policial cargó sobre estos niños y  las mujeres que les acompañaban en el traslado. Pero no es hasta 1917, que se instaurará el Día de la Mujer,  cuando las obreras textiles de Rusia tomaron Petrogrado pidiendo “pan, paz y libertad”, dando comienzo a la Revolución Rusa que culminó en la toma del poder por la clase obrera ese mismo año.

Así pues para nosotras, el día internacional de la mujer conjuga la pertenencia de clase y género.

¿Cómo entendemos el análisis de la opresión de las mujeres? La opresión y la explotación?

El libro Pan y Rosas comienza hablando de los conceptos de explotación y opresión, donde  se refleja un análisis de la opresión de la mujer desde una perspectiva marxista y de clase, donde comprendemos la relación intrínseca entre tal opresión con la propia explotación de clase. Por una parte definimos la explotación como aquella relación entre clases donde hay una apropiación del producto del trabajo excedente de las masas trabajadoras por parte de la clase poseedora de los medios de producción; y por otra parte, definimos la opresión como una relación de sometimiento de un grupo sobre otro por razones culturales, sexuales, o raciales, donde se refleja el uso de las desigualdades al servicio del poder en desventaja a un determinado grupo social. De forma que entendemos que los distintos fenómenos de opresión se nutren de la explotación de una clase por otra.

Así vemos que como mujeres todas sufrimos la opresión patriarcal, sin embargo, nos preguntamos si esta opresión ¿se vive de la misma manera para todas las mujeres? Es evidente que todas las mujeres no vivimos en las mismas condiciones, ya que no todas las mujeres pertenecemos a la misma clase, es decir que conformamos un grupo interclasista. Categorizarnos a todas en la misma posición de igualdad sería caer en un “reduccionismo biologicista” que no tiene en consideración las propias desigualdades existentes. Como ejemplo concreto donde se expresa esa diferenciación clasista, reflejamos el caso del aborto ,un derecho que a pesar de que aún es legal no es accesible de la misma manera para todas ya que este no es gratuito. E incluso en el Estado español, a las mujeres inmigrantes “sin papeles” se les niega de rotundo tal derecho ya que no tienen ni acceso a la propia Sanidad Pública. Este es sólo un buen ejemplo de la relación entre  distintas cadenas de opresión y explotación, ya que además de sufrir como mujer y como integrante de la clase trabajadora, también sufre la opresión como inmigrante.

Existe una diferenciación y relación explotadora de clases que determina las distintas formas de expresión de la propia opresión, y donde podemos ver que obviamente no es lo mismo una mujer empresaria o una mujer obrera, una mujer inmigrante o una mujer nativa del propio país, una mujer de un país imperialista o una mujer de un país semicolonial, etc. Ante tal antagonismo de clases se vive la propia contradicción de que existen a la misma vez mujeres que están oprimidas y explotadas, y mujeres que oprimen y explotan a otras mujeres.

            ¿Hemos avanzado? La importancia de una postura de clase ante las latentes desigualdades

En el actual siglo XXI hablar de los derechos de las mujeres es algo que se ve socialmente aceptado e incluso “políticamente correcto”. Sin embargo, las desigualdades siguen latentes; así mismo las mujeres conformamos el 70% de la población pobre, y solo el 1% de la propiedad privada está en manos de mujeres. Se  hablan de muchos avances en los derechos de las mujeres, vemos cómo en el pasado siglo y en el actual se vieron y se ven mujeres soldado, presidentas, primeras ministras, deportistas, empresarias, científicas, y profesionales exitosas…. sin embargo, también siguen muriendo millones de mujeres en abortos clandestinos, millares de mujeres violadas y asesinadas por políticas de limpieza étnica, millones de mujeres desempleadas y viviendo niveles por debajo de los umbrales de la pobreza.

Ante esta realidad si presentamos una perspectiva de clase es porque reconociendo la opresión que sufre la mitad de la población, pertenezca a la clase que pertenezca, consideremos que la opresión de todas las mujeres obtiene la legitimidad que le otorga un sistema basado en la explotación de la enorme mayoría de la humanidad  por una pequeña minoría de parásitos capitalistas. Un sistema en el que precisamente la perpetuación de jerarquías y desigualdades son parte fundamental de su funcionamiento.

Porque el Capitalismo y el Patriarcado van de la mano…

Teniendo en cuenta todo lo expresado previamente vemos cómo el patriarcado es un aliado indispensable para la explotación. Por una parte, vemos cómo el capitalismo ha introducido en su maquinaria de producción a las mujeres, los niños y las niñas. Y aunque ha empujado a millones de mujeres al mercado laboral destruyendo los mitos que la condenaban a permanecer en el ámbito privado, lo ha que hecho bajo una doble explotación. Por un lado, explotándolas doblemente, con salarios inferiores al de los hombres; hecho que permite a su vez reducir el salario de los otros trabajadores. Por el otro, el capitalismo con el desarrollo de la técnica y la industrialización, estableció las condiciones necesarias para la socialización de las tareas domésticas. Sin embargo, en el trabajo doméstico no remunerado descansa una parte de las ganancias del capitalista que queda eximido de pagarle a los trabajadores  y trabajadoras por las tareas que corresponden a su propia reproducción como fuerza de trabajo. Alentar y sostener la cultura patriarcal, permite invisibilizar este hecho y transformar en invisible también el hecho de que el trabajo doméstico recae fundamentalmente en mujeres y niñas.

Finalmente vemos la complicidad que el capitalismo establece con otra institución totalmente reaccionaria como es la Iglesia, ante muchos de los valores impuestos y que aún impregnan nuestra sociedad, como el propio valor tradicional de la familia. Cuestionar la maternidad como único y privilegiado camino para la autorrealización de las mujeres, cuestionar que la sexualidad tenga como único fin la reproducción y cuestionar así mismo que la sexualidad sea entendida sólo como coito heterosexual pone en riesgo las normas con las que el sistema regula nuestros cuerpos. Por otra parte, nunca antes como en el capitalismo se crearon las condiciones científicas, médicas y sanitarias que nos permitieran a las mujeres apropiarnos de nuestros cuerpos, sin embargo este derecho aún no nos pertenece. Los cuerpos que el sistema de explotación sólo se conciben como una fuerza de trabajo, como cuerpos sometidos a los estereotipos de belleza, como cuerpos escindidos y alienados transformados en una mercancía más en el mundo de las mercancías.

UN RECORRIDO POR LOS DISTINTOS FEMINISMOS

Por Isabel Atance

En esta parte hemos hecho una presentación sintética del desarrollo de los distintos feminismos que influenciaron hasta llegar a las diferentes corrientes del feminismo actual. Viendo por un lado la diferencia entre un feminismo obrero y un feminismo burgués que se daba ante el propio antagonismo de clases acentuado durante el período de la industrialización. Y focalizándonos, posteriormente, en los feminismos que nacen años después de que se instaurara el Estado del bienestar, donde se reflejan los debates que se vivieron durante el período del feminismo de la segunda ola.

            Diferencias de clase. El feminismo obrero ante el feminismo burgués

Durante el periodo de la industrialización y la creciente proletarización de las mujeres en la industria textil, va dando lugar a la acentuación del propio antagonismo de clases, y el frente de lucha por los derechos de las mujeres se fractura en dos grandes tendencias. Por un lado las mujeres de la clase dominante se revelaban contra la desigualdad de los derechos formales respecto a los varones de su misma clase. Por otra parte, las mujeres obreras luchaban por obtener sus derechos, reivindicando en ese marco sus derechos como mujeres

Así, la primera tendencia estaba constituida por asociaciones liberales, democráticas y sociedades filantrópicas. El llamado feminismo burgués, que luchaba por derechos civiles –como el derecho al voto-, o luchas reformistas por el bienestar de las madres solteras, la educación de los jóvenes.  También centrándose en el ámbito familiar, en la cuestión de la patria potestad, del derecho de decisión del marido, etc. Por otro lado, frecuentemente  vincularon sus actividades a la lucha por la Paz Internacional.

La otra gran tendencia, el llamado “feminismo obrero”, cuenta por un lado con sectores reformistas que admitían que con la cooperación con el capital se mejoraría la situación de la clase obrera y del conjunto de los oprimidos. Y en la segunda mitad del s. XIX se desarrolla el socialismo revolucionario. Las socialistas revolucionarias mantenían que sólo la supresión de la explotación del capitalismo y el advenimiento de otra sociedad liberará a la clase obrera esclavizada, y con ello también los grupos que sufren algún tipo de opresión. En ese mismo período Marx y Engels impulsaron la creación de la Unión de Mujeres, sección femenina de la Iª Internacional. Es importante destacar el papel de las mujeres socialistas durante la Primera Guerra Mundial. Durante la Guerra muchas organizaciones feministas rompieron con el internacionalismo que había en el movimiento, ya que pasaron a dar apoyo a su patria anteponiéndolo a las demandas de sus derechos como mujeres. Cabe destacar el papel que tuvieron las socialistas revolucionarias ante ello, las cuales se opusieron firmemente a la guerra. Es importante destacar la Conferencia Internacional de Berna del año 1915 organizada por Clara Zetkin. En esta conferencia participaron 70 delegadas socialistas de distintos países, su principal resolución fue la condena a la guerra imperialista con la consigna “guerra a la guerra”.

El marxismo ante los feminismos de la segunda ola. El contrario de la igualdad no es la diferencia, es la desigualdad.

Luego de la destrucción de fuerzas productivas que produjo la Segunda Guerra Mundial, a su salida se desarrolló un crecimiento económico en los países centrales, lo que se denominó “el boom”. Este crecimiento permitió el desarrollo del denominado “Estado de bienestar”, en el que se conquistaron derechos para las mujeres, en relación con la maternidad, el derecho laboral, el seguro de salud, la beneficencia, el derecho a voto para las mujeres fue incorporado en la mayoría de las constituciones del mundo, mayor incorporación de mujeres en el mercado de trabajo, en los ámbitos cultural y político, mayor accesibilidad a la educación. A su vez los avances tecnológicos  aliviaron muchas de las tareas domésticas de la mujer. Todo eso generó una transformación en el rol de la mujer en el hogar, y consecuentemente en la propia subjetividad femenina.

Durante esta época las mujeres participaron en acciones en defensa del aborto, de los anticonceptivos, para la instalación de guarderías suficientes, denunciaron el sexismo en el trabajo, la política, la educación, etc. Es cuando nace el nombrado feminismo de la segunda ola durante los años 60 y 70.

Seguidamente planteamos las líneas básicas de las distintas tendencias dentro del movimiento feminista de la época, las cuales suponían diversas maneras de entender la opresión y las estrategias de lucha en contra de ella.

Los principales debates teóricos se sostenían entre el feminismo de la igualdad y el feminismo de la diferencia alrededor del concepto de género que divide a hombres y mujeres.

El feminismo de la igualdad: las feministas de la igualdad determinaban el género como algo social, de forma que rechazan el determinismo biológico del “sexo” utilizado habitualmente para justificar la discriminación de las mujeres. Luchaban por eliminar las diferencias de género, ya que estas diferencias son las que refuerzan la exclusión y opresión de las mujeres. Su objetivo era luchar para poder llegar a una posición de igualdad con los hombres. A nivel político lo fundamental es llegar a un plano de igualdad ante la ley. Encontramos las raíces del feminismo de la igualdad en el Pensamiento de la Ilustración y el concepto de la universalidad. Por tanto, muchas de las discusiones entre las distintas tendencias surgidas a inicios de la segunda ola, partían de esta conceptualización política de búsqueda de la igualdad. Veamos:

            -Encontramos por una parte el feminismo liberal, el cual defiende esta postura igualitarista que acabamos de nombrar. Sostienen una lucha por la igualdad jurídica entre hombres y mujeres, en un plano totalmente reformista.

            -Por otra parte, a diferencia de este encontramos el feminismo radical. Influenciadas por el marxismo, las feministas radicales defendían un discurso en el cual como mujeres se consideraban como una clase social en sí misma. Sostienen que la división central de la sociedad es la división entre dos sexos, considerados como clases. Lo cual deriva, desde nuestro punto de vista, a una visión biologicista de la opresión.

            -Finalmente encontramos el feminismo socialista, el cual intenta combinar el análisis marxista de las clases con el análisis de la opresión de la mujer, poniendo el acento en el concepto de patriarcado y en el desarrollo histórico según los distintos modos de producción. Entendían esta desigualdad como una cuestión social, y veían la necesidad de una revolución anticapitalista que incluiría las demandas de las mujeres.

Las distintas vertientes mostradas reflejan distintas estrategias de lucha, las cuales proceden también de distintas concepciones para comprender el origen de la propia desigualdad entre hombres y mujeres. Por ejemplo, por un lado las feministas liberales optarían por la inclusión de reformas que busquen la igualdad en el propio sistema; por el otro lado las feministas socialistas plantearían la necesidad de una revolución anticapitalista para hacer frente a tal desigualdad.

Posteriormente se desarrolla otra tendencia, el nombrado feminismo de la diferencia, el cual lo que busca es revalorizar los aspectos diferenciales entre hombres y mujeres. Es crítico con el feminismo de la igualdad, defendiendo que tal igualitarismo supone una devaluación de la feminidad. Son resaltados los valores de la feminidad que se presuponen como intrínsecos a la mujer, como son la maternidad, la no-violencia, etc. Y sostiene que la liberación de la mujer puede llegar mediante la creación de una “contracultura femenina”. Esto ha sido criticado, ya que esta creación de subculturas podría llegar a la “ghettización”, es decir a la marginación.

Si los sistemas de dominación proponen un dilema para los oprimidos: la integración al sistema a través de la admisión de sus demandas de igualdad o la marginación de subculturas o ghettos, el feminismo de la diferencia condenaría a las mujeres a lo segundo.

Sin embargo, la disyuntiva entre igualdad-diferencia ya ha sido superada dentro del feminismo, y considerada como una falsa antítesis. Justamente el libro de Andrea D’Atri concluye al respecto que lo contrario de la igualdad no es la diferencia sino la desigualdad, y lo opuesto a la diferencia es la identidad y no la igualdad. En este sentido, no se puede defender la igualdad sin tener en cuenta las diferencias, ya que eso conllevaría una aceptación de las desigualdades sociales de ciertas personas o grupos, tal y como sucede en el derecho formal burgués.

No obstante, este debate, a pesar de parecer superado, muchas veces a dado lugar a posturas eclécticas, ya que se acaba cerrando la discusión entre los propios términos de igualdad y diferencia, sin tener en cuenta los propios marcos del sistema de dominación en el que estamos sometidos.

MARXISMO Y FEMINISMO EN LA ACTUALIDAD

Por Àngels Vilaseca

Finalmente presentamos la última parte del libro Pan y Rosas, donde se muestran algunas de las tendencias influyentes en el movimiento feminista actual. En tales tendencias podemos ver cómo el debate entre el feminismo de la igualdad y de la diferencia a pesar de parecer superado, tal y como previamente planteamos, este ha influenciado mucho.

Multiculturalismo y marxismo:

En la actualidad la mayoría de las corrientes del movimiento feminista, plantean propuestas, igual que muchas otras luchas dentro de los movimientos sociales, como una lucha particular, en sí misma. Es así que por ejemplo cómo, la corriente multiculturalista, comprende las distintas situaciones de opresión resaltando las diferencias de las mismas y analizándolas de forma separada; alejándonos así de la raíz que las une. Por otro lado, concibe la lucha e identidad feminista al mismo nivel que la lucha e identidad de clase.

El problema es que si percibimos desde el mismo nivel las diferencias de género, de orientación sexual, de etnia con las de clase, eso conlleva a realizar un análisis donde sólo tomamos una perspectiva parcial de la situación, y dejamos de lado el problema de base: poner al mismo nivel las determinaciones de clase que las otras oculta el papel clave que el propio sistema socioeconómico desarrolla respeto a la propia estructura social.

Ante esta tendencia multiculturalista del feminismo y/o de otros movimientos sociales reflejamos la crítica que Andrea D’Atri hace en el libro. Desde una postura marxista, vemos cómo la propia pertenencia de clase no se puede agregar a las otras múltiples y diversas identidades, ya que constituye el propio núcleo por el cual se articulan y adquieren su propia definición concreta. En palabras de Andrea D’Atri: “La política de la izquierda que plantea ‘cadenas de equivalencias’ entre las diversas luchas tiene absoluta  correlación con el abandono silencioso del análisis del capitalismo en tanto sistema económico global, y con la aceptación de las relaciones económicas capitalistas como un marco incuestionable.”

            Marxismo y el feminismo pos- marxista

¿Podemos enfrentar las grandes tragedias sufridas por las mujeres mediante la parodia?

Seguidamente hacemos referencia a la influencia de las teoría pos-estructuralista o post-marxista que deviene del postmodernismo de Judith Butler, la cual está muy impregnada en el movimiento feminista actual.

Judith Butler, es una filósofa post-estructuralista. Una de sus obras más conocidas es la de El género en disputa donde se desarrolla la teoría Queer. A pesar de ser un debate muy actual, contextualizamos tal teoría en los años 90 bajo la influencia de un postmodernismo marcado por una despolitización de los movimientos sociales, una percepción de que las diferencias y la lucha de clases ya no tiene sentido. Y una posición escéptica ante el poder, donde se ve como incuestionable una posibilidad de cambio del mismo, y donde se lucha solo dentro de los marcos de lo que está permitido.

La teoría de Butler entiende la sexualidad y el género como construcciones culturales impuestas, y por lo tanto ficticias. Esta identidad de género y identidad sexual se construyen en base a la dicotomía heterosexualidad- homosexualidad, y por la dicotomía hombre-mujer. Influenciada por un concepto foucoltiano de la identidad, Butler entiende que la identidad de los sujetos se construye mediante la exclusión. Es decir, siempre que se constituya un sujeto, se constituirá su objeto como exclusión normativa y necesaria del primero. En este sentido, en la propia dicotomía heterosexualidad- homosexualidad, entendemos el primero como el sujeto que marca la normatividad y el segundo como el objeto excluído.

Si antes vimos cómo el multiculturalismo pregona una concepción positiva de las diferencias identitarias, para Butler la conceptualización que define las identidades son construcciones discursivas represivas y excluyentes. Asimismo, ante el feminismo, Butler no se plantea la emancipación o liberación de la mujer, sino que habla de la liberación de la propia identidad que en sí misma es opresiva. Es decir, si de algo tienen que emanciparse las mujeres, según Butler, es de la pesada definición ontológica represiva y excluyente que representa nuestra propia identidad como mujeres.

Butler se plantea la deconstrucción del propio orden simbólico y construcción sociocultural preestablecida la cual categoriza, normativiza, marca y determina de forma opresora las propias identidades de sexo o de género con todas las consecuencias que esto conlleva. No obstante, hemos de ver de qué manera ella plantea tal deconstrucción. Basándose en la Teoría de la Performatividad de Género, Butler plantea que mediante distintas prácticas paródicas y subversivas, donde adoptemos un nomadismo y desplazamiento constante de identidades, se vayan trastocando las categorías de cuerpo, sexo, género y sexualidad pudiendo, así, subvertir las identidades impuestas y acabar transformando este orden simbólico excluyente hacia algo más plural.

Pero ante esto nosotras planteamos cómo el propio sistema se acaba repropiando y absorbiendo tales prácticas supuestamente subversivas. De esta forma este desplazamiento constante de posiciones identitarias, más que convertirse en una herramienta perturbadora del discurso hegemónico se acaba mercantilizando y transformando en un fetiche que se absorbe como un bien de consumo, como cualquier otro, dirigido a un mercado concreto.

Teniendo en cuenta esto, nos cuestionamos cómo podemos llegar a tal deconstrucción con estas prácticas paródicas? Podemos dejar de nombrarnos mujeres, tal y como nos plantea Butler, pero, ¿eso conlleva que dejen de existir los grandes problemas a los que se ve sometida la población femenina: las desigualdades salariales, la explotación y precarización laboral, el tráfico de mujeres en la prostitución, la violencia de género, las mujeres que mueren por abortos clandestinos? Etc., etc.

En este sentido, Andrea D’Atri, critica no tanto la propia teoría de como son construidos los géneros, sino la propuesta política que Butler desarrolla. Como acabamos de ver esta se aleja de los problemas y grandes tragedias reales, donde se entiende de forma separada lo social y lo cultural del propio sistema político y económico en el cual estamos sometidos, es decir que se descontextualiza de la propia raíz del problema.

A través de prácticas culturales como la performance y la parodia, Judith Butler propone una estrategia política de “democracia radical y plural”, donde se puedan crear en su más amplio sentido espacios de participación democrática, pero no se cuestiona ninguna pretensión de eliminación del propio poder -de la misma manera como lo sostienen muchos de los politicólogos y filósofos autodenominados como post-marxistas.

Ante esta práctica lo que propone Butler es la expansión de términos como el de ciudadanía y lo humano en los movimientos sociales, los cuales considera como más “plurales” e “inclusorios”.

Volviendo a la crítica que plantea Andrea d’Atri, percibimos ese concepto tan impregnado como es el de ciudadanía  como un concepto abstracto, diluído y indefinido, el cual es una mera trampa para esconder las propias diferencias de clases, y la explotación de una clase por otra. Es decir, nos alejamos de ser conscientes de todo lo que realmente supone el sistema socioeconómico en el que estamos sometidos.

Vemos cómo esta teoría ha influenciado enormemente no sólo al propio movimiento feminista, sino a otros movimientos sociales, donde al identificarse con esta especie de universalidad abstracta, cada vez les da más miedo poder definirse en una ideología concreta, perdiendo así cualquier estrategia de lucha que pueda ser firme, y siendo, tal y como se expresó anteriormente, cada vez más escépticos ante el poder existente, normalizando el sistema capitalista como algo incambiable. Así mismo lo refleja el filósofo Zizek del cual se hace referencia en el libro: “Hoy, la teoría crítica –bajo el atuendo de ‘crítica cultural’– está ofreciendo el último servicio al desarrollo irrestricto del capitalismo al participar activamente en el esfuerzo ideológico de hacer invisible la presencia de éste: en una típica ‘crítica cultural’ posmoderna, la mínima mención del capitalismo en tanto sistema mundial tiende a despertar la acusación de ‘esencialismo’, ‘fundamentalismo’ y otros delitos.”

Para concluir, podemos decir que desde nuestra postura entendemos la cuestión de género desde el marxismo. Somos conscientes que para poder llegar a la plena y total liberación de la mujer, así como de otros colectivos oprimidos, es necesario que también nos liberemos de la propia explotación de clase. Así mismo lo expresa Andrea d’Atri: “En la perspectiva del materialismo dialéctico e histórico, tampoco la universalidad de este sistema es neutral y encierra la contradicción de la explotación de una clase por otra. Tomar partido de esta contradicción por la clase explotada, es la única vía para alcanzar la universalidad de la emancipación de toda dominación”

LA MUJER, EL ESTADO Y LA REVOLUCIÓN

Por Àngels Vilaseca

Hemos realizado en esta charla una introducción al libro La Mujer, el Estado y la Revolución, un estudio realizado por la historiadora Wendy Goldman sobre la política familiar y vida social soviética desde que triunfó la revolución en el año 1917 hasta el año 1936, momento en el que la Unión Soviética se encontraba bajo el control de la burocracia estalinista. Podemos ver cómo la cuestión de género desde el punto de vista del marxismo se llevó a cabo en la práctica en la gran experiencia de la revolución rusa.

            Este libro se trata de una investigación minuciosa donde Wendy Goldman nos muestra los grandes avances promovidos e impulsados por el pensamiento bolchevique. Se muestra una visión ambiciosa y de vanguardia muy avanzada a su época, dónde se refleja cómo el interés por la emancipación de la mujer era para los bolcheviques una de las tareas centrales de la revolución proletaria.

La emancipación de la mujer se fundamentaba por cuatro pilares básicos:

  • La incorporación de la mujer en el trabajo asalariado.
  • La socialización del trabajo doméstico.
  • La extinción de la familia
  • El amor o la unión libre.

Posteriormente a la revolución se realizó un nuevo Código Civil el cual supuso una gran política de avance donde se abolió el matrimonio eclesiástico, sustituyéndolo transitoriamente por el matrimonio civil, se legalizó el divorcio, el aborto, etc.. El nuevo Código supuso una ruptura con siglos de poder patriarcal y eclesiástico, siendo la legislación más avanzada, incluso que las de los países europeos centrales. Si bien tal y como nos señala Goldman “a pesar de innovaciones radicales del Código, los juristas señalaron rápidamente que esta legislación no es socialista, sino que es una legislación para la era transicional”, ya que todavía conservaba el registro matrimonial u otras medidas con la necesidad, aún persistente pero transitoria, de la unidad familiar.

Hemos de tener en cuenta que nos encontramos en un momento en el que sucedió la Primera Guerra Mundial, la Revolución y una Guerra Civil, conjuntamente con graves períodos de sequías y plagas.  Es decir, que la Unión Soviética se encontraba en un grave estado de pobreza, donde aún no existían las condiciones materiales para poder llegar al socialismo, y consecuentemente, también, a una emancipación total de la mujer. Pero, si bien no existían las condiciones materias adecuadas, los debates generados y las nuevas políticas legislativas se encaminaban mediante los cuatro pilares antes nombrados.

No obstante, con la instauración de la burocracia estalinista vemos cómo se retroceden totalmente los avances antes nombrados: se prohíbe el aborto, se penaliza la homosexualidad, se reintroduce el matrimonio civil como única unión legal frente el Estado. Se vuelven a los valores tradicionales de la familia, para poder ejercer una jerarquía estable y disciplinada de las relaciones sociales

 Si bien esto ocurrió cien años atrás, vemos cómo se abrieron debates muy avanzados en su momento, y que nos hace pensar cien años más tarde en la importancia en la actualidad para poder abrir la reflexión y el cuestionamiento a la naturalización que hace la sociedad burguesa de la opresión de las mujeres, de los valores tradicionales de la familia, de la discriminación de las personas que no se ajustan al heterosexismo normativo, la discriminación de otras formas de relación que no se ajustan y se moldean a la pareja tradicional.

Twitter: @LubCynthia

menu
menu