Ponencia de la charla-debate de Pan y Rosas sobre “Mujeres y feminismos frente a la islamofobia”

Ponencia de la charla-debate de Pan y Rosas sobre “Mujeres y feminismos frente a la islamofobia”

En primer lugar es necesario aclarar que nuestro conocimiento sobre este profundo tema, como mujeres que habitamos y nacimos en Europa es mínimo en comparación con una historia de lucha, de resistencia y de toda una conformación de un movimiento de feminismos árabes y/o musulmán muy rico y diverso, que a nosotras se hace imposible abarcar y mucho menos poder transmitir en una sola charla. Pero como mujeres organizadas para luchar por la emancipación de la mayoría de las mujeres, tenemos el deber de al menos asomarnos a estas experiencias y sobre todo, tomar posición respecto a cuestiones claves que se dan en los países dominantes, “imperialistas”, contra lo que nosotras creemos que debemos luchar. Es decir, es nuestro deber tener una posición internacionalista y antiimperialista respecto a nuestras hermanas de clase, explotadas y oprimidas también en estos propios países.

Tras los terribles atentados en París o Bruselas, el aumento del racismo y la xenofobia, expresado en el fomento de la islamofobia, coloca a la mujer como símbolo de “atraso y barbarie” de todo el mundo árabe y/o musulmán. Los postulados del “choque de civilizaciones” también tienen su expresión en algunas corrientes del feminismo.

Esta pseudo teoría no es nueva. Después de los atentados del 11 de septiembre de 2001 el gobierno de Bush fue quien comenzó a agitar el fantasma del “fundamentalismo islámico” como la nueva amenaza –desaparecida la Unión Soviética. Bush popularizó el término “islamofascismo” con el objetivo de definir al amplio espectro del islamismo militante como los sucesores de los “totalitarismos” del siglo XX. De este modo difundía una cosmovisión totalmente “islamofobica”, lo que llevó a aumentar considerablemente la discriminación y el racismo contra las comunidades árabes y/o musulmanas en los países centrales, como Europa y Estados Unidos.

Por tanto, cuando hablamos de las mujeres del mundo árabe y/o musulmán o del feminismo islámico es necesario aclarar que sería un error hablar del islam como si fuera un movimiento o una ideología homogénea, o como si pudiera ser tratada como una fuerza social autónoma. Como creencia religiosa, el islam tiene algunas características homogéneas, pero como movimiento político y social es diverso, variando en cada país en su contexto social y significación política”.

Volviendo al término “fundamentalista” no se origina en el mundo musulmán, sino que viene de la corriente de teólogos norteamericanos de principios del siglo XX cuyos artículos fueron reunidos en un libro, conocido como The Fundamentals, que se centraban en la crítica al liberalismo político y a los protestantes, pretendiendo rescatar la letra de la Biblia. Del mismo modo, el término “integrismo”, fue usado en Francia para referirse al islamismo radical se refiere a un movimiento similar dentro de la Iglesia Católica. Pero el discurso imperialista “exportó” su propia forma de designar a la derecha cristiana para darle un nombre a la amenaza que percibe en los pueblos del Medio Oriente.

Se creó de este modo, un enemigo “ideológico” y “civilizatorio” de “occidente”, en contra del  “atraso feudal” y un odio a la “libertad” que estaría en la base de las acciones terroristas más brutales como los atentados. Por tanto, según esta seudotesis del “choque de civilizaciones”, fabricada a comienzos de la década de los ’90 por el historiador británico Bernard Lewis, y popularizada por Samuel Huntington, la base del profundo odio a Estados Unidos o Europa que “caracteriza” a las sociedades musulmanas, no está la política imperialista (o proisraelí de Estados Unidos) y tampoco el sostén a gobiernos árabes despóticos y dictatoriales.

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Entonces, de lo que se trata en esta charla es de analizar cómo se expresa esta teoría del “choque de civilizaciones” en los debates dentro del feminismo y movimiento de mujeres. Desde los últimos atentados las tertulianas del PP, como Esther Esteban difundían la idea de que “las mujeres árabes son la expresión de la falta de libertad y democracia, “no son como con nosotras que vivimos en democracia y libertad”, decía, “porque todas ellas son lapidadas, mutiladas y obligadas a usar el velo”. Estas ideas calan hondo en la sociedad, y dan una imagen oscura llena de prejuicios raciales hacia la “mujer oriental”, de la “otra”. Lo que queremos intentar entonces, es desmistificar estos prejuicios, para lo cual es necesario develar tres mecanismos:

Primero, el de victimización de parte importantes sectores del movimiento feminista de Europa o Estados Unidos, para enseñar “occidentales valores superiores” que puedan arrancar de la opresión a estas “pasivas y sumisas mujeres”. Para ello se utiliza lo que muchas feministas llaman “uniformización” de las mujeres de los países coloniales o semicoloniales, a través del cual se crean tópicos de gran impacto que generalizan comportamientos de “las otras” desde una visión euro-centrista.

Segundo, el “ideal de superioridad”. Se crea así un falso ideal de superioridad y progreso relacionado con Occidente. Como si la mayoría de las mujeres árabes, musulmanas, africanas o latinas, pobres y trabajadoras, que habitan Europa o Estados Unidos, no sufrieran opresión de género, desigualdad salarial, precariedad, feminicidio, a pesar de vivir y nacer en sociedades “cristianas y occidentales”.

Tercero, un desconocimiento y/o ignorancia casi intencionada de las luchas de estas mujeres las mujeres del mundo árabe-musulmán. Por tanto, otro objetivo importante de la charla, a partir de la crítica de estos postulados: es  dar a conocer, y esto es un inicio, de que lejos de la sumisión pasiva, las mujeres árabes y musulmanas han sabido reconocer las particularidades de su propio horizonte histórico-social en el que se inscriben las relaciones de opresión, dentro de una universalidad de problemas identificables con los de todas sus hermanas de clase: duras condiciones laborales, desamparo en derechos sociales y políticos, violencia y acoso sexual, feminicidio, entre otros.

Es decir, nuestro objetivo es dar a conocer las múltiples estrategias de lucha de estas mujeres. Y en esta “particularidad” la clave es comprender y estudiar profundamente que las mujeres han sabido diagnosticar el carácter de su opresión así como las estrategias para su liberación de cadenas que fueron dobles: la opresión ejercida por los poderes autóctonos y la ejercida por el poder colonial occidental de los países imperialistas.

Es decir, de lo que la historiadora Mary Nash, explica como “doble colonización” de las mujeres de estas sociedades, señalando que la opresión colonial ligada a la opresión de la mujer por los poderes autóctonos, como veremos, dio como resultado formas simultáneas de opresión de clase y sus consecuentes estrategias de lucha y resistencia. Por tanto, es necesario reconocer que hay un feminismo autóctono: el movimiento feminista y de mujeres árabes y musulmanas luchó por derechos como el sufragio femenino, participación política, igualdad en las condiciones de trabajo y educación, diferentes demandas en cuanto a la problemática de la poligamia —que es exclusiva para los hombres y desprotege a las mujeres—, la reducción del derecho absoluto de los hombres al divorcio o el incremento de la edad de matrimonio de las niñas.

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Entonces, las tertulianas como Esther Esteban hablan desde una superioridad como si las mujeres del mundo árabe musulmán hubiesen aceptado pasivamente las terribles prácticas de la lapidación/mutilación, etc..

Durante la charla, hemos puesto en debate esta cita de una reconocida feminista marroquí (fallecida hace muy poco), Fátima Mernissi, quien cuestionaba duramente al feminismo occidental que subestima el poder de actuación de las mujeres árabes.

“Cuando me encuentro con una feminista occidental que cree que le tengo que estar agradecida por mi propia evolución en el feminismo, no me preocupa tanto el futuro de la solidaridad internacional de las mujeres como la capacidad del feminismo occidental de crear movimientos sociales populares para lograr un cambio estructural en las capitales mundiales de su propio imperio industrial. Una mujer que se considera feminista, en vez de vanagloriarse de su superioridad con respecto a las mujeres de otras culturas y por haber tomado conciencia de su situación, debería preguntarse si es capaz de compartir esto con las mujeres de otras clases sociales de su cultura.”

Por tanto, la oposición y crítica a los líderes religiosos conservadores árabes y sus postulados del islam patriarcal, viene de las propias mujeres árabes. ¡no necesitan a Esther Esteban! Ellas, las mujeres árabes musulmanas, han sido una amenaza al sistema patriarcal, acusadas por los líderes religiosos más conservadores de introducir ideas destructivas importadas de Occidente. Una crítica bastante filosa si conocemos la propia historia de penetración imperialista y colonización europea. Y digo esto porque la lucha contra la opresión colonial fue clave, atravesando todas las estrategias de emancipación de estas mujeres.

Daré la palabra a mi compañera Silvia, quien va a desarrollar cómo se dio toda esta historia de lucha.

Continúa Sílvia.  Como se ha comentado anteriormente, el objetivo principal de la charla era intentar visibilizar diferentes movimientos de mujeres y también de feminismos en el mundo árabe y/o musulmán o islámico, con reivindicaciones como el acceso a la educación, una mayor presencia en el ámbito político y unas condiciones laborales dignas. Para eso, hicimos un pequeño recorrido histórico a través de algunos ejemplos que explica la feminista marxista egipcia, Nawal al Saadawi, psiquiatra y escritora, de cómo las mujeres que se integraron al trabajo industrial en Egipto durante las primeras décadas del siglo XX fueron las primeras en protagonizar huelgas y ocupar fábricas exigiendo la reducción de la jornada laboral y la regularización de permisos por embarazo y maternidad. Muchas mujeres debían ocultar sus embarazos para evitar el despido e incluso se provocaban abortos con cañas de un vegetal; nada muy diferente a la situación, por ejemplo, de las mujeres españolas bajo el franquismo.

En Egipto, Túnez, Marruecos y Argelia cumplieron un rol protagónico en estos procesos. Nawal al Saadawi narra las movilizaciones de las mujeres de Egipto, cortando líneas telegráficas y saboteando los ferrocarriles para bloquear el paso de las tropas británicas durante las protestas de 1919. Algunas asaltando cuarteles y las prisiones en las que se encontraban los líderes de los levantamientos. Centenares de estas mujeres fueron asesinadas.

Todas estas reclamaciones, protagonizadas por movimientos feministas autóctonos, iban dirigidas a los gobiernos conservadores árabes y a sus políticas patriarcales. Además de luchar contra los poderes opresores locales, las feministas árabes musulmanas y/o islámicas también luchan contra el discurso hegemónico occidental que entre otras muchas cosas, también invisibiliza sus luchas.

Todas estas reclamaciones, protagonizadas por movimientos feministas autóctonos, iban dirigidas a los gobiernos conservadores árabes y a sus políticas patriarcales. Además de luchar contra los poderes opresores locales, las feministas árabes y/o musulmanas también luchan contra el discurso hegemónico occidental que entre otras muchas cosas, también invisibiliza sus luchas.

Así, Nawal al Saadawi nos las presenta como un sujeto histórico y político, con una fuerte implicación en las luchas obreras y con un gran rol de liderazgo, rompiendo con la construcción machista y racista de Occidente, que presenta a toda una diversidad de mujeres únicamente como sumisas por el simple hecho de ser árabes.

Este discurso eurocéntrico es usado también por algunos sectores del feminismo occidental, que reproducen y fomentan ideas estereotipadas alrededor de toda una gran diversidad de mujeres, que son concebidas únicamente como un sólo bloque monolítico y estático. Además, estas también son construidas desde occidente como “víctimas e ignorantes”, con lo que se les termina negando todo poder de agencia y de empoderamiento.

Todos estos discursos y prácticas racistas se enmarcan dentro del fenómeno llamado islamofóbia. El término, como erróneamente se puede creer, no es nuevo. Muchos autores plantean que la islamofóbia existe des de la aparición del islam, aunque no empezó a conceptualizarse hasta finales del s.XIX y principios del s.XX. Como comenta López Bravo, “la islamofóbia sería un conjunto de actitudes hostiles y de odio hacia el islam al ser considerado como una amenaza a la cultura occidental y por tanto a nuestra integridad, a nuestro bienestar y a nuestra supervivencia. El islam sería visto como una provocación y una persecución a nuestros valores como sociedad occidental. Es así como se demoniza la construcción de lo árabe-musulman y/o islámico, visto como el “otro”, totalmente incompatible con el progreso, la modernidad , la civilización y con la cultura occidental.

Este fenomeno pero, suele atacar de forma más feroz a las mujeres. Es por eso que nosotras queremos hacer émfasis en el hecho que la islamofóbia es un problema de género. Este concepto, englobaría y articularía tanto prácticas xenófobas y racistas como conductas misóginas y machistas. Es por eso que hay que tener en cuenta la múltiple opresión que encarnan las mujeres árabes y/o musulmanas.

Uno de los debates más polémicos que hay en la actualidad pero que no es nuevo es el tema del hijab. Como dice la historiadora feminista Mary Nash “a la mujer musulmana no se la ve como individuo sino como portadora de una cultura”, es por eso que la mayoría de debates sobre la comunidad musulmana se basan en el cuerpo de la mujer, porque se la ve como la representante de una cultura amenazante.

Aunque el tema del hijab es muy complejo de tratar y que además varía según el contexto y el país, nosotras queríamos posicionarnos en contra de la prohibición de cualquier prenda como puede ser el hijab, el niqab o el burka. Creemos que los debates sobre la imposición o la prohibición de estos se basan en patrones de dominación masculina y de racismo institucional, por lo que no se escuchan las voces de las mujeres. Al final el cuerpo de estas se convierte en un campo de batalla, con lo qual no se les deja opción a decidir por ellas mismas. Como dice la española Ángeles Ramírez: “nadie debería atribuirse el derecho de hacer del pañuelo una bandera ni de obtener satisfacción de retirarlo, excepto las propias mujeres musulmanas”.

El velo, sería visto únicamente como un símbolo de opresión o incluso de retraso cultural, con lo que las mujeres tendrían que renunciar a ello, junto al resto de elementos de identidad cultural, es decir, pasando por un proceso de aculturación, para adaptarse e progresar al modelo normativo occidental. Como cita Gemma Martín “el mejor musulmán es el que deja visiblemente de serlo”.

Aún así, muchas de ellas afirman que el problema del velo no es su problema principal. La explotación laboral, el analfabetismo, la discriminación, la islamofóbia y la xenofóbia constituyen verdaderos y serios problemas para estas mujeres mucho más urgentes que el velo. Precisamente por eso nosotras apostamos por un feminismo no sólo interseccional y que tenga en cuenta las diferentes realidades de las mujeres, sino también que las una contra los dos grandes enemigos: el capital y el patriarcado, de naturaleza transnacional y transcultural.

Ahora daré la palabra a mi compañera, Cynthia lub, quien hará un recorrido sobre las experiencias de estas mujeres.

Continúa Cynthia Lub. Yo voy a hablar de las diferentes “tendencias” en el feminismo árabe. Entonces, vamos a ver cómo se expresa toda esta enorme experiencia, imposible de abarcar en esta charla ni en 10 charlas más!!, (sólo nos estamos aproximando para poder desmitificar los prejuicios). Cómo se expresa en los debates entre los “feminismos”, veamos cómo:

 Las feministas árabes cuestionan al llamado “feminismo occidental” que insiste en la existencia de una forzosa conexión entre cultura y opresión de la mujer. De esta conexión se desprende la estrategia de “abandono de la cultura autóctona” como vía de emancipación. La prohibición del velo, hiyab, se inscribe entonces en esta premisa.

Como explicaba Sílvia, el debate sobre el hiyab es muy complejo. Y no es nuevo, se introduce en el siglo XIX bajo un Egipto sometido a la colonización británica, cuando algunos líderes del mundo árabe-musulmán que luchaban por reformas en los derechos de las mujeres, como la educación, e influenciados por el discurso colonial europeo, consideraban el uso del velo como “símbolo de atraso cultural”.

Las nuevas corrientes feministas árabes del siglo XX han cuestionado a estos reformadores y su consideración como impulsores de un “primer feminismo”. Y se fue conformando un feminismo anticolonial que rechazaba la occidentalización de las políticas de género expresadas en la prohibición del velo –que había comenzado a ponerse en práctica en diversos países–, y en el marco de que se había avanzado muy poco en los derechos de las mujeres. Así, el debate sobre el hiyab se dividía entre quienes lo consideraban como símbolo del “retraso cultural” o, contrariamente, como identificación de la cultura árabe y musulmana contra las amenazas del poder colonizador.

Como decía Sílvia, no nos vamos a detener en estos debates sobre el velo, que son muchos debates históricos y actuales sobre el velo, su significado y su simbología. Pero sí es importante contextualizar las políticas a favor o en contra del hiyab y atender el significado cambiante que tiene su uso.

A partir del siglo XX ha habido un cambio importante tras el desarrollo de los procesos anticoloniales, cuando las mujeres nacionalistas o islamistas árabes convirtieron el hiyab en un “símbolo de resistencia anticolonial”. Así lo describe Franz Fanon respecto a la lucha anticolonial en Argelia en la década de 1950 cuando, frente a la prohibición francesa del velo, más de 10 mil mujeres salían a las calles con el hiyab, tal como muestra la película La batalla de Argel.

A su vez, emergieron movimientos de mujeres y feministas que, en determinados contextos, lucharon contra la imposición del hiyab o también el caracterizado como “velo integral”, burka y el niqab, sin abandonar la lucha contra el poder colonial y enfrentándose al mismo tiempo a los poderes autóctonos.

Actualmente en Europa este debate se ha ido actualizando en los últimos años a raíz de la prohibición del burka y el niqab en países como Francia, Bélgica, Holanda, Luxemburgo, en ayuntamientos de Catalunya (Estado español), en Alemania –donde la mitad de los estados prohíben el velo–, y en Italia, donde la ley antiterrorista de 1970 prohíbe prendas que cubran la cara.

Como bien dijo Sílvia, nosotras estamos totalmente en contra de esta prohibición: es una medida racista/ que introduce un debate falso hacia las mujeres árabe-musulmanas que viven en los países imperialistas para quienes el burka y el nikab es el último de sus problemas.  Bajo esta prohibición “en nombre de la libertad” se encubre la persecución cotidiana a la población inmigrante, perpetuada por la xenofobia y el racismo.

 Pasaré a explicar ahora los diferentes feminismos. Al calor de las grandes experiencias de lucha y organización surgieron múltiples debates entre el “feminismo árabe y musulmán” y el “feminismo islámico” que emerge en la década de 1990.

Entre sus grandes diferencias, existe un gran punto de acuerdo que es la denuncia de lo que identifican como “feminismo occidental”, un feminismo que se hace eco del llamado “imperialismo cultural” que tuvo dos consecuencias respecto al movimiento feminista. Por un lado, un rechazo a los movimientos feministas en el interior de las sociedades islámicas, árabes o musulmanas, aprovechado por fuerzas políticas y religiosas conservadoras que acusaban al feminismo de “enemigo que desafía a la cultura tradicional o religiosa”. Por otro lado, la emergencia de un movimiento feminista de amplio espectro, desde el laicismo al islamismo, que por momentos convergían y en otros divergían.

 

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Un novedoso libro, La emergencia del feminismo islámico, que es una Selección de ponencias del Primer y Segundo Congreso Internacional de Feminismo Islámico, Barcelona, Ed. Oozebap, 2008, explica la emergencia de esa corriente, que se caracteriza por:

 El rechazo al “feminismo colonial” u “occidentalización entendida como el abandono del islam” como único camino para lograr la liberación de la mujer musulmana. Reivindican la emancipación de la mujer “en el marco del islam religioso”. Denuncian una degradación de la tradición islámica y una tergiversación de los textos sagrados, para la cual plantean una relectura de los mismos a través de la “hermenéutica coránica” que devele a un “islam genuino” contenido en un “Corán liberador de la mujer”. Las feministas más referentes son Amina Wadud, Asma Barlas, Margot Badran (EE. UU.), Shaheen Sardar Ali (Pakistán); Ndeye Andújar (Estado español).

Para nosotras existe una gran contradicción en buscar dentro de la religión rasgos emancipatorios para la mujer, por sus relaciones estrechas con los Estados y las diferentes instituciones del sistema patriarcal, claro socio de las sociedades capitalistas. La instrumentalización política de la religión lleva a que su análisis tiene que ser en un terreno concreto (no abstracto de la realidad social y política). Partiendo del precepto metodológico más general de que las ideologías, incluidas las religiosas, tienen un desarrollo relativamente autónomo, pero no pueden independizar absolutamente su existencia de la realidad material en la que surgen y actúan, es decir, las relaciones sociales, los intereses de clase o sectores de clase que mayormente defienden, la relación con las clases explotadoras nacionales o regionales y la relación con el imperialismo.

Sin embargo, nosotras no luchamos contra la religión desde una perspectiva anticlerical liberal, que le da un valor absolutamente progresivo a lo secular y absolutamente reaccionario a lo religioso, independientemente de los objetivos y las clases sociales en que se base cada uno. Así, por ejemplo en Francia, se prohíbe el velo integral desde el discurso anticlerical liberal.

Otra corriente es la del “feminismo árabe o musulmán” (como se autodenominan ellas mismas) contrarias al “feminismo islámico” que plantean que:

Incluso buceando en una “relectura liberadora del Corán”, tanto el islam como cualquier religión comporta una estrecha colaboración con el Estado, el poder político y el sistema patriarcal que este perpetúa. Reivindica la liberación de la mujer desde un paradigma “cultural árabe y musulmán”, pero rechaza al islam religioso y su irreversible carácter patriarcal. Aunque algunas consideran que el islam (político religioso) propuso mejoras en los derechos de las mujeres en determinados momentos históricos, plantean que toda religión monoteísta es patriarcal y que no puede lograrse la emancipación de la mujer dentro de un ámbito estrictamente religioso. Entre las referentes se encuentran Nayereh Tohidi (Irán) y Valentine Moghadam (Irán), quien plantea cómo avanza cada vez más en el movimiento feminista la separación entre religión y Estado.

Fue Nawal al Saadawi quien más hizo hincapié en esta cuestión, de separación entre Religión y Estado. En su interesante libro La cara desnuda de la mujer árabe da cuenta de los puntos de contacto entre las sociedades árabes y occidentales, cuya raíz está en el sistema patriarcal que todas las religiones han perpetuado históricamente: bajo una detallada narración del tratamiento hacia la mujer del judaísmo, el cristianismo y el islam, da fundamento a su tesis de que: “Las religiones monoteístas, al dictar los principios que habrían de regir el papel y la posición de la mujer, se inspiraron, como hemos visto, en los valores que imperaban en las sociedades patriarcales y de clases”.

A pesar de esta sintética clasificación, resulta muy difícil hacer una división rigurosa entre estas corrientes. Muchas feministas comparten matices entre el feminismo islámico y el feminismo árabe y musulmán. Fátima Mernissi podría ser una referente del complejo cruce de estas dos corrientes.

Voy a finalizar con algunas conclusiones, pero que invitamos a que vosotras mismas agreguéis más conclusiones al debate.

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Es imperativo romper con la visión victimista de las mujeres árabes y musulmanas, tan arraigada en el mundo occidental, y dar a conocer la subjetividad histórica, las luchas y las ideas por la transformación de sus propias sociedades.

Muchas intelectuales y feministas musulmanas se han esforzado por romper la distorsionada visión occidental de la mujer árabe, que toma como fuente la antigua obra literaria de Las mil y una noches. La mujer que se retuerce como una serpiente danzando con el vientre desnudo, seduciendo a los hombres, también sedientos de sexo, con promesas de pasiones oscuras, juegos secretos e intrigas, entre alfombras mágicas voladoras. Nada que envidiar a las historias de princesas que la cultura occidental supo fabricar. Al Sadawi, al respecto nos dice: “Sería más científico y verídico realizar un estudio comparativo sobre el modo de vida de los árabes y los europeos (…) en la Edad Media, por ejemplo, cuando el clero, que era la clase dirigente compuesta solo por hombres, incitaba a las mujeres acusadas de brujería a relatar las peores obscenidades bajo la presión de torturas insoportables”.

Pero además, la lucha histórica y actual de las mujeres árabes y musulmanas en las calles y la formación de un movimiento de mujeres y feminista propio con una amplia agenda de reivindicaciones, ha demostrado qué lejos está la cuestión del hiyab o la “danza del vientre” como principal preocupación. Nada más rupturista con la imagen de la mujer de Las mil y una noches que las mujeres de la primavera árabe, protagonistas destacadas de este proceso. Solo en el año 2010 hubo más de 300 huelgas en las que las mujeres irrumpían hartas de cargar sobre sus espaldas la mayoría de los problemas sociales que afectaban a las familias ante la inflación en los productos básicos. Y las imágenes de las mujeres egipcias o marroquíes con pancartas y megáfonos y enfrentándose a las fuerzas represivas recorrieron el mundo.

El ocultamiento, desconocimiento de su protagonismo y su consecuente victimización, es un mecanismo que sostiene el fomento del racismo e islamofobia que recae como una pesada losa sobre la vida cotidiana de las mujeres que viven en los países de Europa o Estados Unidos. Si la opresión de la mujer es doble, como mujeres y trabajadoras, en los países explotados y oprimidos por las potencias imperialistas, la opresión de clase se triplica para estas mujeres.

 

(veure versió en català)

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