Parricidio: el uso de los hijos e hijas como instrumento de control y sufrimiento

Parricidio: el uso de los hijos e hijas como instrumento de control y sufrimiento

Viernes 31 de agosto. San Martiño de Moraña (Pontevedra, Galicia) se estremece ante un terrible asesinato: David Oubel asesinó a sus dos hijas de 4 y 9 años, Amaya y Candela. Después de intentar suicidarse con la misma arma que acababa de usar para arrebatarles la vida a sus hijas, una máquina radial, fue detenido. Un día después, la juez que lleva el caso decretó prisión provisional comunicada y sin fianza.

Oubel debía entregar el sábado a las dos niñas a su madre, Rocío, divorciada de este desde hacía más de un año. La pareja tenía la custodia compartida y él las tenía a su cargo desde hacía días.

Colectivos feministas gallegos convocaron el 2 de agosto concentraciones en varias localidades en repulsa al asesinato de Amaya y Candela, que han calificado de asesinato machista movido por la venganza y el deseo de hacer daño a la madre.

David Oubel será el primer acusado que enfrentará prisión permanente revisable por el asesinato de sus hijas. La reforma del Código Penal, en vigor desde el pasado 1 de julio, modifica el artículo 140 que introduce esta condena. De esta forma, se penará al culpable de asesinato cuando, entre otros casos, “la víctima sea menor de 16 años de edad, o se trata de una persona especialmente vulnerable por razón de su edad, enfermedad o discapacidad”.

El parricidio no es nada nuevo en el Estado español: 44 niños y niñas asesinadas en 10 años

Más de la mitad de los niños y niñas víctimas de los 44 parricidios de la última década estaban a solas con su padre durante la visita o custodia compartida.

Según Sonia Vaccaro, psicóloga clínica especializada en Victimología, se trata de “una violencia secundaria a la víctima principal, que es la mujer. Es a la mujer a la que se quiere dañar y se hace a través de terceros […] El machismo sabe que matar a los hijos es asegurarse de que la mujer no se recuperará jamás. Es el daño absoluto”. Vaccaro continúa afirmando que los asesinos no reconocen que sean sus propios hijos, de hacerlo “no los pueden matar. No son sus hijos, son sus instrumentos para dañar a quien ha dañado su masculinidad al dejarle, al cortar la relación, al cuestionarle. Es el machismo herido, el ‘te voy a dar donde más duele’”.

Miguel Lorente, profesor de Medicina Legal en la Universidad de Granada, añade que “la clave es dominar a la mujer. Dañan para dominarla. Los hijos son instrumentos para seguir ejerciendo control sobre la mujer”.

El de Moraña no es el único caso, algunos han sido muy mediáticos como el de José Bretón. En octubre de 2011 toda la prensa se hizo eco de la desaparición de Ruth y José Bretón, de 6 y 2 años, mientras estaban con su padre, que los asesinó, quemó e inventó una historia de desaparición para intentar tapar su crimen. Su ex pareja, le había pedido la separación días antes de los hechos.

Otro caso es el de Ángela González, víctima de violencia de género, cuya ex pareja mató en 2003 a la hija de ambos, de 7 años, y después se suicidó. Ángela había denunciado por malos tratos a su ex pareja 46 veces y advertido a todas las instituciones del miedo que tenía que su ex pareja hiciese daño a la niña. Tenía régimen de visitas abierto, y Ángela reclamaba que se acabase, o al menos que no viese a su hija a solas. A su hija no le gustaba quedarse con él. Varios episodios de violencia, acoso y agresiones que fueron denunciados ante la pasividad de las instituciones. Ángela Gónzalez sentenció con esta frase una de sus entrevistas: “¿Cuántas madres estarán viviendo lo que viví yo? ¿Cuántas entregarán a sus hijos a los padres con la angustia de no saber si volverán a verlo? No más visitas a padres maltratadores, por favor”.

Durante el anterior gobierno, el Consejo de Ministros aprobaba como medida urgente la suspensión del régimen de visitas a los hijos e hijas en los casos más graves, en los que hubiese antecedentes de violencia. Medida que se demuestra insuficiente ante un caso como el del pasado viernes. Todo ello enmarcado en el aumento estrepitoso de las víctimas de violencia de género y del machismo entre los adolescentes.

Veronica Landa

Historiadora y educadora sexual, Barcelona.

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