El movimiento feminista italiano exige a los sindicatos que convoquen huelga general el 9 de marzo

El movimiento feminista italiano exige a los sindicatos que convoquen huelga general el 9 de marzo

“Pedimos a todos los sindicatos que se unan a la huelga general del 9 de marzo de 2020” sostiene la carta abierta que ha publicado en sus redes sociales la plataforma Non una Di Meno y que traducimos integra a continuación:

La fuerza simbólica y combativa del 8 de marzo, que la movilización permanente del movimiento feminista y transfeminista en todo el mundo ha reactualizado, este año se extenderá a dos días de lucha.

El 8 de marzo de 2020 estaremos en las plazas de Italia y del mundo, en los centros comerciales donde se trabaja 24 horas al día, en las ciudades y en los espacios feministas donde luchamos para que nuestras vidas sean libres, autónomas y autodeterminadas, fuera de los muros de las casas donde, todavía con demasiada frecuencia, la explotación se vuelve invisible y omnipresente. El 9 de marzo de 2020 las mujeres convocan a una huelga general: una huelga feminista del trabajo productivo y reproductivo, del trabajo regular e informal, del trabajo dependiente, autónomo, precario, mal pagado o no pagado en absoluto. De todas las formas de explotación.

La pobreza femenina sigue aumentando. Somos el antepenúltimo país de Europa en cuanto a empleo femenino: ¡sólo el 48% de las mujeres tienen acceso al trabajo y a menudo éste es precario, desvalorizado, mal pagado!

Además, las mujeres perciben en promedio un 23% menos que sus compañeros varones, incluso cuando están mejor formadas; es más, la diferencia salarial aumenta a medida que aumenta el nivel de educación, llegando a un máximo del 38,5%. Más de 1.400.000 mujeres han sufrido acoso en el lugar de trabajo. Acoso y discriminación que, una vez más, cuando se trata de subjetividades Lgbtqia+ son silenciadas e invisibles.

Uno de cada dos asesinatos ocurre en la familia y las víctimas son mujeres en el 67% de los casos. No hay ningún tipo de subvención, la financiación pública de los centros antiviolencia es de 0,76 céntimos por cada mujer que acude a ellos. El índice de objetores de conciencia médicos es igual al 70% de la media nacional, mientras que más de un millón de mujeres han informado de prácticas médicas violentas o degradantes en la sala de partos desde 2003.

Estas son sólo algunas de las cifras que dan cuenta del contexto de desigualdad, discriminación e injusticia en el que vivimos. Contexto que conocemos bien, porque es contra el que luchamos, afirmando que la violencia de género es también, y no de forma secundaria, violencia económica, que pasa, de forma sistémica, por condiciones de explotación dirigidas a socavar la autonomía y la autodeterminación de las mujeres y del colectivo Lgbtqia+.

Pensamos que es necesario dar continuidad al proceso de transformación cultural y social abierto hace cuatro años con la primera huelga feminista, pero, más aún en este particular contexto histórico y político, consideramos urgente denunciar la condición de discriminación estructural que afecta a las mujeres, a las subjetividades que no se ajustan a la norma heteropatriarcal, a las mujeres migrantes y, en consecuencia, a todas las figuras precarias y no plenamente garantizadas que viven y trabajan en nuestro país.

Los lugares de trabajo no pueden seguir reproduciendo este estado de cosas; las condiciones de trabajo no pueden seguir infligiendo tal desigualdad: las trabajadoras encontrarán la fuerza para reaccionar y reclamar lo que se les debe.

Nos declaramos en huelga porque queremos un salario igual, un salario decente, un salario mínimo al menos a nivel europeo y una remuneración que sea de autodeterminación, y no de chantaje y nueva esclavitud, porque sin autonomía económica no hay escapatoria de la violencia y no hay libertad.

Queremos una licencia de maternidad, paternidad y parental 100% pagada, de igual duración para ambos padres y extendida a todo tipo de contratos y también a los que no tienen trabajo.

Queremos un sistema de bienestar inclusivo y universal, sin discriminación basada en el estatus, el género, los ingresos o la moralidad dominante. Queremos refugios, centros antiviolencia, hogares de mujeres, centros de asesoramiento laicos, abiertos y autogestionados por mujeres.

Queremos la derogación de los decretos de seguridad que multiplican la violencia, el racismo y la explotación dentro y fuera de las fronteras, especialmente en los cuerpos de las mujeres, y que sancionan el derecho a manifestarse.

Queremos la derogación de la ley Bossi Fini y el cierre de los CPR (centros de repatriación). Queremos un permiso de residencia europeo sin obligaciones laborales y familiares para la libertad de movimiento de los migrantes y los inmigrantes. Queremos la ciudadanía para las personas nacidas y criadas en Italia.

Queremos otro modelo de desarrollo que revise el consumo y la calidad de vida y ambiental con la lente de la redistribución de la riqueza y la justicia ambiental.

Por lo tanto, pedimos a todos los sindicatos que se unan a la huelga general del 9 de marzo de 2020, garantizando la cobertura sindical a las trabajadoras y trabajadores que quieran abstenerse de trabajar. Además de convocar la huelga para todo el día y para todos los sectores del sector público y privado, también pedimos a los sindicatos que apoyen la huelga feminista de las formas más adecuadas: enviando el llamamiento a todos los lugares de trabajo e informando sobre la huelga.

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