¿Por qué este año no se convoca huelga feminista en el Estado español?

¿Por qué este año no se convoca huelga feminista en el Estado español?

Los debates sobre continuar con la huelga o no este 8M han sido intensos en todo el Estado. He participado en la asamblea por el 8M de Barcelona, único territorio donde se ha decidido convocar huelga general feminista este 8M extendiéndolo al 9M, en sus cuatro ejes: laboral, estudiantil, de consumo y de cuidados.

En dos asambleas el eje del debate ha sido si convocar o no huelga laboral, ya que una minoría -que coincidía con quienes organizaron y dinamizaron las asambleas y con CCOO-, estaban en contra. Pero el eje laboral ha sido defendido con múltiples argumentos y votado por una amplia mayoría de mujeres de diferentes colectivos y asambleas feministas barriales, trabajadoras de diferentes sectores, estudiantes, sindicatos alternativos y de izquierda, colectivos de migrantes, organizaciones de la izquierda independentista y mis compañeras feministas socialistas de Pan y Rosas.

Algunos argumentos contrarios a la huelga laboral eran: que este 8M es domingo, que las mujeres inmigrantes sin contrato no pueden hacer huelga, que las huelgas laborales ¡ya no sirven! O que los sindicatos son patriarcales.

Pero, ¿acaso muchas mujeres no trabajan los domingos en sectores más feminizados como la hostelería, la sanidad y cuidados? Aún así, se ha convocado también el 9M. A su vez, ¿acaso las mujeres inmigrantes no tenemos derecho a huelga, ya que muchas también somos asalariadas? Y acaso, ¿no hemos superado con dos huelgas a las direcciones sindicales que mientras llamaron a un paro de dos horas, el movimiento feminista impuso una huelga general con enormes manifestaciones junto a la clase trabajadora, sectores populares y el movimiento estudiantil? Así lo expresaron las reivindicaciones que incluyeron a las trabajadoras que están militando en los sindicatos, debatiendo contra sus propias direcciones burocráticas de CCOO y UGT.

Otro argumento era que la huelga de cuidados es más importante ya que la laboral “no nos representa a las mujeres”. Todas planteamos una gran cantidad de motivos por los que la huelga debe parar también este año los centros de trabajo y estudio.“Dentro de la clase trabajadora asalariada, el 48% somos mujeres. Una cifra que el sistema capitalista patriarcal se encarga de ocultar, dejando a las mujeres en un rol subsidiario e invisibilizado en el mercado laboral, con los trabajos más precarios y todo tipo de brechas y la doble carga si sumamos las tareas del hogar.”, dijeron trabajadoras de Pan y Rosas. También las jóvenes estudiantes propusieron parar el lunes 9 de marzo, “ya que el domingo las facultades y demás centros de estudio están cerrados. Por lo que es necesario que los sindicatos de estudiantes convoquen asambleas para parar”.

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Por otro lado, el sistema capitalista patriarcal oculta las tareas de cuidados y domésticas ubicándolas en una esfera exclusivamente privada. Y divide el trabajo asalariado del no asalariado, como si las tareas de reproducción del capital (trabajo no remunerado) fueran parte de un sistema aislado. Dos huelgas generales el 8M, parando los centros de trabajo junto al conjunto de la clase trabajadora por las reivindicaciones más sentidas de las mujeres, ayudaron a superar esa falsa división entre el trabajo doméstico, las tareas de cuidados tan invisibilizadas por las patronales y las burocracias sindicales, y el trabajo asalariado cada vez más femenino y diverso, contra la violencia machista y los feminicidios.

Como decía Jule Goikoetxea, referente del feminismo vasco“Las huelgas del movimiento feminista han sido un gran avance no sólo para el feminismo, sino para toda la clase trabajadora porque amplía la concepción de lo que es una huelga, la transforma de manera integral ya que plantea una crítica estructural. Así es la huelga del 30E. Critica la situación del trabajo asalariado, no asalariado, pero también contra las violencias machistas, el sistema judicial patriarcal. Y contra todo ese entramado que hace que este capitalismo pueda funcionar y circular.

“Institucionalizar nuestras demandas”: paralizar y desmovilizar haciendo retroceder al movimiento feminista tras dos años de huelgas el 8M

Antes de profundizar en el debate, quería referirme a la huelga de Euskal Herria. A días del 30E, portavoces del parlamento vasco criticaron que, además de reivindicaciones sociales, “se han incorporado otras reivindicaciones feministas” por lo que “ha pasado a ser una huelga de un ‘totum revolutum’”. Tranquilamente podría ser una voz del PNV o del PSOE. O de CCOO y UGT. Pero no, era la de una parlamentaria de Podemos Euskadi que no secundó la huelga por estos motivos, entre otros.

Es decir, critica la impronta que dejaron las huelgas feministas en la lucha de la clase trabajadora, la sinergia de un movimiento de mujeres que, insurrectas contra las violencias machistas, se alzaron contra múltiples agravios para gritar “a la huelga mil, a la huelga cien” contra la precariedad laboral, los desahucios, el racismo, la represión del Régimen y el ataque a los derechos democráticos fundamentales. Un movimiento que ayudó a despertar la lucha de las invisibles, como las trabajadoras de las residencias que protagonizaron más de 370 días de huelga. Que rompió el corporativismo de las burocracias sindicales que perpetuaron la división entre quienes obtuvieron mejores condiciones y derechos laborales, y las más explotadas de la clase trabajadora, la juventud precaria, y contra la división entre las trabajadoras y los trabajadores migrantes y nativos.

Ese es el “totum revolutum” que molesta a las portavoces de Podemos en Euskadi, con el argumento de que “la mayoría de las reivindicaciones son de competencia estatal y nosotros, Unidas Podemos, ahora pertenecemos al nuevo gobierno central y hemos trasladado parte de las reivindicaciones que son parte del programa del acuerdo del gobierno de coalición”.

Veamos cómo muchas portavoces, organizadoras y dinamizadoras de las asambleas territoriales han planteado argumentos en la misma dirección. Entre los muy pocos argumentos políticos contra la huelga, quería destacar uno de importancia, que apuntaba a que la clave actualmente es “institucionalizar nuestras demandas”. Un argumento que tiene conexión con la posición de que ‘no hacen falta hacer huelgas’ porque el nuevo gobierno que se autodenomina de izquierdas y progresista “ya incorpora” las demandas sociales y “son parte del programa del acuerdo del gobierno de coalición”.

Una hipótesis que claramente paraliza, desmoviliza al movimiento de mujeres y feminista. Y que de hecho ha significado un enorme retroceso, ya que quienes estaban a la cabeza de organizar las asambleas y los Encuentros estatales, han dejado de convocarlos sin haber consultado a ninguna asamblea territorial. Quienes pretenden pasivizar al movimiento feminista, acaban liquidando las instancias de autoorganización y coordinación estatal.

Y a la vez, nos invita a navegar por un túnel lleno de ilusiones ópticas de que un gobierno con la casta del PSOE podrá brindarnos mágicamente “desde arriba” lo que desde hace décadas -también con los gobiernos del PP- nos quitaron a “las de abajo”. Han esquilmado cada uno de nuestros derechos y están en enorme retroceso: más asesinadas por violencia machista, más explotadas y bajo la pobreza de la precariedad, deportadas y desahuciadas, soportando la doble carga en unos hogares con vidas precarias. Soportando la emergencia de una extrema derecha que a viva voz, mientras grita con total impunidad ¡Viva España y viva el Rey! desde el Congreso, acusa al feminismo de ‘lacra’, de que la violencia no es machista, y que los que matan son todos inmigrantes.

Por eso al final del túnel todas esas ilusiones se desvanecen. Un ejemplo es la foto siniestra del 30E que contrastaba con las masivas manifestaciones del huelgón de Euskal Herria: la del nefasto acuerdo firmado para la irrisoria subida del SMI entre Pedro Sánchez y Pablo Iglesias, con los representantes de la patronal y la burocracia sindical de CCOO y UGT. La patronal celebraba nuestra pobreza y bajos salarios.

Y así, las ilusiones ópticas se desvanecen cada vez más rápido, porque las promesas de las mujeres que rompen los techos de cristal para feminizar los ministerios no nos sacan a la mayoría de las mujeres -las trabajadoras, las humildes y jóvenes precarias- de los suelos pegajosos. La ministra de Trabajo, Yolanda Díaz de IU explicó que el SMI se subiría de acuerdo con lo que los empresarios aceptasen ¡pero los 50 euros mensuales para 2020 no cubren ni de lejos las subidas acumuladas en estos 12 meses en alquileres, transporte público o suministros básicos! Además rápidamente se han bajado de derogar la reforma laboral del PP -la del PSOE ya ni se menciona- alegando que “sería completamente irresponsable”.

Mientras, seguiremos en la precariedad, quedará vigente que los EREs no necesiten autorización administrativa, que los empresarios puedan seguir descolgándose -es decir incumpliendo- los convenios cuando lo consideren, la subcontratación y externalizaciones de servicios públicos sin límite; la mayoría en trabajos feminizados como cuidados o limpieza. Toda una herencia de las reformas laborales que nadie quiere derogar a pesar de que miles de mujeres lo reclaman en las calles.

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En el Ministerio de Igualdad como directora de Igualdad de Trato y Diversidad, han incorporado a una mujer racializada. Aunque comprendo la alegría de las mujeres migrantes, también hay que decir, como mujer inmigrante que soy, que no habrá políticas antirracistas ni igualdad para nosotras si continúan las leyes de Extranjería, los CIEs, el trabajo esclavo de internas a las mujeres inmigrantes (puertas adentro) y las políticas imperialistas (puertas afuera) con multinacionales españolas, ejércitos de ocupación, vallas y muertes en el Mediterráneo. Porque ningún maquillaje podrá cubrir el carácter imperialista de un gobierno que representa a la quinta potencia de Europa.

O pretender “frenar” a la extrema derecha en una guerra cultural, por ejemplo contra el pin parental, en nombre de la “democracia y la diversidad” cuando el mismo PSOE continua financiando instituciones oscurantistas como la Iglesia que perpetúa valores morales reaccionarios, también es otra ilusión óptica. Además de impedir el reaccionario pin parental, hay que implementar la educación sexual, contra la violencia machista y la LGTBfobia como asignaturas obligatorias en todos los centros de estudio. Además de garantizar la separación de la Iglesia y el Estado.

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Considerar que nuestras demandas tendrán resolución si las dejamos en manos de los partidos del Régimen, es confiar en quienes gestionan toda esa maquinaria estatal capitalista. Y es, por tanto, fortalecer los mecanismos de dominación de clase –mediante la creación de tantas ilusiones en que todo vendrá desde arriba- y a la vez debilitar la lucha en las calles y la autoorganización contra el sistema capitalista dominante. Lamentablemente, quienes están a la cabeza de la organización del movimiento feminista están cayendo en esta trampa, al igual que muchas organizaciones menores de la izquierda que han subordinado a la estrategia y el programa de estas coaliciones reformistas, durante años, o llamaron a confiar en ellas.

De ningún modo esta crítica deriva en un abstencionismo respecto a la participación en las instituciones parlamentarias de los regímenes democráticos capitalistas. Pero sin olvidar que el centro de gravedad de la vida política está fuera del parlamento, por lo que no se trata de “presionar a las instituciones” desde fuera con una política subordinada al Régimen. Se trata de intervenir con una estrategia de ruptura e independiente de sus instituciones y partidos, que desarrolle la movilización y los métodos que más choquen con el corazón poder del capital como son las huelgas, la autoorganización. Que la impulse, no que la paralice y la subordine a “darle tiempo” al nuevo gobierno social liberal imperialista.

Lejos de hacer fetichismo de la huelga como método de lucha hacia el 8M, el debate expresa esta reflexión política. El argumento de que hay que “resignificar las huelgas” atravesado por la hipótesis de “institucionalizar nuestras demandas” contra las huelgas tradicionales, acaba armando una resignificación de huelgas sin filo, transformándolas en un método de presión, simbólico y poco peligroso para el sistema capitalista patriarcal.

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