2019: el año con las cifras más altas de violencia machista

2019: el año con las cifras más altas de violencia machista

Según las fuentes de la Delegación del Gobierno contra la Violencia de Género ya son 55 mujeres asesinadas a manos de sus parejas o ex-parejas; una de las cifras más altas desde el año 2015. Ahora bien, estos datos aún son limitados.

Primero porque otro dato trágico, es que este 2019 también fue el año en el que llegamos al repunte de 1000 víctimas mortales por violencia machista desde que hay registros oficiales desde el año 2003. No obstante, la cifra de feminicidios es aún mayor que la oficial.

Segundo, porque el motivo es que hasta ahora, tal y como se contempla en la Ley Orgánica contra la Violencia de Género, sólo se registran como asesinatos machistas aquellos ocasionados en el marco de una relación de pareja. Pero considerando los feminicidios más allá de este marco limitado, según el registro de la plataforma independiente Feminicidio.net, la cifra actual es prácticamente el doble, y asciende a 99 mujeres asesinadas.

De la misma manera también van en aumento los casos de violencia sexual, actualmente en el Estado Español se llegan a denunciar, aproximadamente, una violación cada 5 horas. No obstante, según las organizaciones de mujeres hay una “cifra negra” muchísimo mayor de miles de casos que no salen a la luz y que no se denuncian.

La realidad de la diferencia entre el número de casos y de denuncias es que aquellas mujeres que deciden hacerlo, pasan por procesos judiciales eternos y traumáticos, dónde se les exige un sinfín de pruebas e interrogatorios interminables dónde son constantemente cuestionadas y culpabilizadas.

El papel de los medios de comunicación y la justicia patriarcal

Este también fue el año en que se dieron más muestras del carácter patriarcal de la justicia capitalista. Ejemplo de ello fue el caso de la sentencia de la “manada de Manresa”. A pesar de que el caso fue brutal, la Audiencia de Barcelona, no lo consideró violación sino abuso, bajo el cínico argumento de alegar que la víctima estaba inconsciente por los efectos del alcohol, y que por tanto los acusados “pudieron realizar los actos sexuales sin utilizar ningún tipo de violencia o intimidación”.

Este caso nos recuerda al de la Manada de Pamplona, que inicialmente fue juzgado como un caso de abuso y no violación (el cual implica reconocer que hubo violencia) por el Juzgado de Navarra y la Audiencia provincial. Este primer veredicto generó un gran rechazo y masivas movilizaciones del movimiento de mujeres en contra y finalmente el Tribunal Supremo pasó de condenarlos por abuso a delito continuado de violación.

Otro caso más reciente es el de la Manada del Arandina, dónde tres exjugadores de este equipo de fútbol fueron hallados culpable de violación con intimidación. Pocos días después en las redes sociales empezó a circular unos audios de la víctima, que los agresores querían usar en su contra.

En esta acción colaboraron algunos medios de comunicación, humillando, culpabilizando y estigmatizando aún más a la víctima, como es el caso del periodista como Alfonso Ussía o la fundadora de Vox Cristina Seguí, así como el representante del sindicato policial SIPE, Alfonso Perdiguero, que se posicionaron públicamente en contra de la víctima reproduciendo estos audios.

La irrupción de Vox y el crecimiento de la extrema derecha

En este contexto también crece entrando en el Congreso con 52 diputados la extrema derecha de Vox, con un discurso reaccionario y misógino. Este partido que no solo está en contra de que exista una ley contra la violencia de género, sino que también niega que exista este tipo de violencia contra las mujeres.

Es habitual encontrar en el discurso de la formación de extrema derecha referencias al feminismo como “un cáncer” denominado “la ideología de género” que “busca una guerra de sexos” y que “solo sirve para criminalizar a los hombres”. Este discurso contra las mujeres ya tenía un largo recorrido en la política española, pero encuentra un amplio altavoz en la minuciosa cobertura mediática del partido de Abascal.

Así vemos como en comunidades como Andalucía, los acuerdos tripartitos de Vox, PP y Ciudadanos, pactaron entre otras medidas regresivas, aún más recortes en los presupuestos destinados contra la violencia machista, y que la misma deje de denominarse como tal y se nombre como “violencia intrafamiliar”.

El crecimiento electoral de la extrema derecha ha encendido todas las alarmas del movimiento de mujeres. Sin embargo, para enfrentarla, no podemos caer en el discurso del “mal menor”. El probablemente futuro Gobierno del PSOE, en el que participará Unidas Podemos, se hace llamar feminista, pero no puede esconder su carácter neoliberal que también mantuvo los recortes en la prevención contra la violencia de género y que tampoco ha tomado medidas serias y de urgencia ante el avance de la violencia machista.

Esta ala izquierda del Régimen del 78 afirma, por ejemplo, defender los derechos de las mujeres, mientras no pretende derogar las Reformas Laborales, que supusieron un gran retroceso en precariedad y pobreza para las mujeres trabajadoras. O mientras dice querer luchar contra la violencia machista, va a seguir financiando con dinero público una institución tan patriarcal y retrógrada como es la Iglesia Católica. A la vez que va a ser un gobierno que defienda los intereses de la banca y que impondrá todos los recortes sociales que exija la UE.

Es por ello que no podemos confiar en el Estado y en sus instituciones, como tampoco tener la ilusión que vamos a terminar con la violencia de género solo con castigos individuales a los agresores.

Por un plan de medidas de urgencia para acabar con la violencia machista

Es necesario tomar medidas urgentes cómo: Más centros de acogida para las mujeres y sus hijos e hijas víctimas de violencia. Garantizados por el Estado y bajo la autogestión de las organizaciones de mujeres y las trabajadoras, con asistencia profesional y sin presencia policial y judicial. Presupuesto para planes de igualdad y no para pagar deuda. Luchamos por comisiones de mujeres y personas LGTBI en los centros de trabajo, en los centros de estudio y en los sindicatos, independientes de las patronales, que aborden los casos de acoso sexual y laboral, y que exijan subsidios para las trabajadoras que atraviesan situaciones de violencia. Separación efectiva de la Iglesia y el Estado. El fin del Concordato y de las subvenciones a la educación religiosa. Educación sexual para decidir, anticonceptivos gratuitos para no abortar y aborto legal, seguro y gratuito para no morir, para todas las mujeres. Despatologización de la transexualidad. Exigimos que se respete la identidad de las personas trans en colegios, institutos, universidades y centros de trabajo.

La violencia machista y los feminicidios son solo la punta del iceberg de una larga cadena de opresión y violencia contra las mujeres que atraviesa tanto la desigualdad salarial y la precariedad laboral- dónde las mujeres estamos sobrerrepresentadas-, los desahucios, los recortes en los servicios públicos, las restricciones en derecho al aborto libre, seguro y gratuito para las mujeres inmigrantes y las mujeres menores de edad, la falta de una educación sexual integral, la existencia de una justicia represiva y patriarcal, entre otras.

Ante ello tenemos que profundizar en un movimiento de mujeres independiente, que junto a la clase trabajadora y la juventud, ataque de raíz el principal causante de esta opresión y explotación, que es el sistema capitalista y patriarcal.

La lucha contra la violencia sexual, machista y los feminicidios es otro de nuestros importantes motivos para que, el próximo 8 de marzo, el movimiento de mujeres y feminista convoque a otra huelga general.

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