126 años del sufragio “universal”, sin las mujeres

126 años del sufragio “universal”, sin las mujeres

Hoy nadie puede imaginarse a esta “democracia moderna” y capitalista sin el voto de las mujeres, conquistado tras una larga historia de luchas que, en el Estado español lo logró a finales del siglo XIX. Pero el derecho a voto de las mujeres tardó más, y llegó hace sólo 85 años.

El tradicional modelo de voto era el “sufragio censitario” hasta que desde el siglo XVIII surgieron movimientos en toda Europa cuestionando el hecho de que sólo tenía derecho a voto una minoría oligarca y rica, restringiéndolo a las clase trabajadora y popular.

En 1968, con el fin del reinado de Isabel II, se dio el primer avance. Bajo la instauración de un Gobierno provisional se instaló una convocatoria a elecciones a Cortes Constituyentes, en las que tenían acceso a voto todos los varones mayores de 25 años, independientemente de su poder o clase.

Sin embargo, a pesar de la caída del Antiguo Régimen, el retorno de los Borbones y el turnismo entre Cánovas del Castillo y Sagasta provocó otro retroceso con la redacción en 1876, de una Constitución de corte moderada en la que los derechos electorales quedaron ausentes.

En 1890 finalmente Sagasta impulsó la Ley Electoral que restablecía el sufragio universal masculino, y que quedaría para siempre, aunque truncado bajo la dictadura de Franco. Aún no se conocían derechos en las urnas para las mujeres, aunque no tardarían en disfrutar de ellos.

Sin embargo, las mujeres seguían sin ejercer el derecho a voto. Hasta que en 1931, la Constitución de la II República lo reconocía en su redacción y en las elecciones generales del 19 de noviembre 1933 durante la Segunda República, 6.800.00 mujeres pudieron votar por primera vez, tras la lucha implacable de parlamentarias como Clara Campoamor.

Estas habían sido las segundas elecciones generales de la República proclamada el 14 de abril de 1931. En junio del mismo año habían transcurrido las primeras elecciones, convocadas tras la aprobación de la Constitución de la República en el Congreso de los Diputados el 9 de diciembre de ese mismo año, en las que las mujeres no podían votar.

El derecho al voto fue una conquista de las propias mujeres que, mientras luchaban por el sufragio femenino, fueron avanzando en otros derechos. Clara Campoamor (Madrid 1988- Lausanne 1973), costurera, empleada de telégrafos, abogada (interesada por la situación jurídica de las mujeres) y periodista, peleó en solitario como mujer parlamentaria y contra su propio partido. Fue fundadora de la Unión Republicana Femenina en 1931, una organización sufragista que planteaba “la defensa y protección de los derechos políticos, jurídicos y sociales de la mujer” . Su vivencia de lo que fue un gran debate en el parlamento con otras mujeres diputadas, fue recogida por Campoamor en su libro “Mi pecado mortal. El voto femenino y yo”.

Por primera vez en la historia de España las mujeres habían logrado el derecho al sufragio femenino. También otros derechos como el del divorcio o el artículo 40 sobre la contra discriminación en puestos oficiales. El artículo 46 declaraba que regularía los casos de seguro de enfermedad, accidente, paro forzoso, vejez, invalidez y muerte; el trabajo de las mujeres y de los jóvenes y especialmente la protección a la maternidad; la jornada de trabajo y el salario mínimo y familiar, etc.

Sin embargo, estos avances fueron efímeros. Después de la derrota la de revolución española y el nuevo Estado Franquista impuesto el 1 de abril de 1939 se retrocedería a siglos pasados en cuanto a los derechos de la mujer.

Hoy, bajo esta democracia capitalista, son muchos los derechos conquistados históricamente, que retroceden y son arrancados por los gobiernos y sus partidos. En las elecciones del 26J ningún partido representa todos los reclamos que el movimiento de mujeres y feministas pelea en las calles.

Cynthia Lub

Historiadora y trabajadora precaria, Barcelona.

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